El Papa León XIV bendice una joven que superó un cáncer en una Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano. / Crédito: Vatican Media.Cada 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial del Enfermo, la primera bajo el pontificado de León XIV y que este año lleva por lema La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro.
La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por San Juan Pablo II el 13 de mayo de 1992, respondiendo a la solicitud que le hizo el Cardenal Fiorenzo Angelini, entonces presidente del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios.
En la carta que le dirigió al purpurado, el santo polaco escribió que el objetivo de esta jornada es sensibilizar a los católicos y a la sociedad en general sobre “la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos” y ayudarles “a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento”.
También se busca que las diócesis y organizaciones religiosas “se comprometan en la pastoral sanitaria”, se favorezca el voluntariado, se refuerce “la formación espiritual y moral de los agentes sanitarios” y que los sacerdotes “comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos”.
El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral destacó que para este año la Jornada Mundial del Enfermo tendrá un carácter solemne y será celebrada en la Diócesis de Chiclayo (Perú), sede del ministerio episcopal del entonces Mons. Robert Prevost (hoy León XIV), entre los años 2015 y 2023.
Para ello, el Papa nombró al Cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio, su enviado especial a la diócesis peruana, donde se encuentra desde la noche del domingo pasado.
El cristiano se hace prójimo del que sufre
En el mensaje para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, el Papa León XIV explica que en la parábola del buen samaritano, “Jesús no enseña quién es el prójimo, sino cómo hacerse prójimo, es decir, cómo volvernos nosotros cercanos” al necesitado.
En ese sentido, señala que “el amor no es pasivo, va al encuentro del otro; ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar. Por eso, el cristiano se hace prójimo del que sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo, el verdadero Samaritano divino que se acercó a la humanidad herida”.
El Papa aclaró que no se trata de “meros gestos de filantropía, sino signos en los que se puede percibir que la participación personal en los sufrimientos del otro implica el darse a sí mismo, supone ir más allá de cubrir necesidades, para llegar a que nuestra persona sea parte del don”.
León XIV también recuerda que en sus años como misionero y obispo en Perú constató “cómo muchas personas comparten la misericordia y la compasión al estilo del samaritano y el posadero”, a través de un entramado de relaciones que “supera el mero compromiso individual”.
En ese sentido, el Pontífice recordó que el cuidado de los enfermos no sólo es una “parte importante” de la misión de la Iglesia, sino “una auténtica acción eclesial”.

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