01/27/26

Bandera de Ucrania. / Crédito: Max Kukurudziak / Unsplash

La Conferencia Episcopal Checa publicó un comunicado en el que reafirma su apoyo a la acogida de los refugiados ucranianos, víctimas de la invasión rusa y de una guerra que se acerca a su cuarto año.

El texto, firmado por el presidente de los obispos checos, Mons. Josef Nuzík, Arzobispo de Olomouc, junto al presidente del Consejo Ecuménico de Iglesias de la República Checa (ERC) Pavel Pokorný, advierte sobre la creciente hostilidad hacia los refugiados.

Los prelados expresan su preocupación por las recientes declaraciones del presidente de la Cámara de Diputados y líder del partido checo SPD, Tomio Okamura, quien se ha manifestado en contra de la ayuda que el país brinda a los refugiados de guerra. 

Okamura ha adoptado una postura crítica hacia la llegada de refugiados ucranianos al país, con argumentos en contra de la migración masiva, que a su parecer “representa una carga para los ciudadanos checos”.

El mandatario defiende que los recursos nacionales deben priorizar a los ciudadanos checos y ha ordenado retirar la bandera ucraniana del edificio del Parlamento, criticando la presencia de símbolos de solidaridad como una “provocación innecesaria” hacia quienes se oponen a la migración. 

Además, ha expresado su rechazo al suministro de armas a Ucrania, calificando la guerra como un conflicto que no debería financiarse con dinero checo. Recientemente, ha anunciado la preparación de normas migratorias más estrictas para regular la estancia de los refugiados ucranianos en la República Checa.

Con ánimo de contrarrestar estas declaraciones, los obispos checos afirman sentirse “orgullosos” de la ayuda que el país brinda a los ucranianos y advierten sobre el peligro que supone poner en duda la solidaridad hacia las personas necesitadas. 

Recuerdan asimismo que la compasión y solidaridad “es uno de los principios de nuestra civilización” y denuncian que atacar “a un grupo nacional concreto”, y especialmente a los más vulnerables, “recuerda al desafortunado pasado europeo de ataques similares contra judíos, gitanos y personas con discapacidad”.

Al término de su mensaje, indican que “los pensamientos y las palabras tienen peso” y que “somos responsables de ellos”, por lo que, aseguran, “no podemos guardar silencio”.

El Cardenal Matteo Zuppi (izquierda) llega al Vaticano para las reuniones del Sínodo sobre la Sinodalidad el 10 de octubre de 2024 / Crédito: Daniel Ibañez/CNA

El Cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), reafirmó la oposición de los obispos italianos a cualquier normativa que legitime el suicidio asistido o la eutanasia, al tiempo que reclamó una mayor inversión en el ámbito de los cuidados paliativos y en el acompañamiento a los enfermos.

“La respuesta al sufrimiento no es ofrecer la muerte, sino garantizar formas de apoyo social, de asistencia sanitaria y sociosanitaria domiciliaria continuada, para que el enfermo no se sienta solo y las familias puedan ser sostenidas y acompañadas”, afirmó el purpurado durante la sesión de apertura del Consejo Permanente de la CEI que se reúne hasta el miércoles para coordinar la labor de los obispos en Italia. 

“La dignidad humana no se mide por su eficiencia ni por su utilidad”, subrayó el Cardenal Zuppi, según reportó Avvenire.

En su opinión, las leyes que legitiman el suicidio asistido o la eutanasia “corren el riesgo de debilitar el compromiso público con los más frágiles y vulnerables, que a menudo son invisibles”.

El Cardenal Zuppi advirtió además que las decisiones sobre el final de la vida no pueden considerarse un asunto puramente privado. “Sentimos con fuerza el deber de recordar a todos que elegir una muerte anticipada, incluso porque se piensa que no hay alternativas, no es un acto individual, sino que incide profundamente en el tejido de relaciones que constituye la comunidad, minando la cohesión y la solidaridad sobre las que se funda la convivencia civil”, declaró en nombre del episcopado italiano.

El presidente de la CEI insistió también en el papel central de los cuidados paliativos, que —recordó— siguen sin estar plenamente garantizados en Italia pese a las previsiones legales existentes.

“Deben ser garantizados a todos, sin distinciones sociales ni geográficas, mientras que todavía no se aplican como está establecido”, afirmó, subrayando que estos cuidados “representan un verdadero antídoto frente a las lógicas que contemplan el suicidio asistido o la eutanasia como opciones practicables”.

Las palabras del Cardenal Zuppi llegan en un momento clave del debate político en Italia con el proyecto de ley sobre el suicidio médicamente asistido, que atraviesa una de sus fases más inciertas desde que llegó al Parlamento.

El proyecto de ley promovido por los senadores Pierantonio Zanettin (Forza Italia) e Ignazio Zullo (Fratelli d’Italia) permanece bloqueado en las comisiones reunidas de Justicia y Asuntos Sociales del Senado, a la espera del dictamen de la Comisión de Presupuestos.

El texto legislativo está formalmente previsto para llegar al pleno del Senado el 17 de febrero. 


Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de Orihuela-Alicante (España) / Crédito: José Ignacio Munilla Aguirre.

La Fiscalía Provincial de Madrid ha archivado una denuncia contra el Obispo de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla, acusado de un delito de odio por defender la antropología cristiana de la sexualidad y el acompañamiento de la Iglesia a quienes desean vivir en castidad dejando prácticas basadas en la ideología de género. 

Así lo ha hecho saber el propio prelado a través de sus redes sociales, donde ha adjuntado la comunicación oficial del archivo por parte del ministerio público.  

La denuncia se dio a conocer el pasado mes de noviembre por el diario Información de Alicante y estaba interpuesta por la asociación Tu pueblo y el mío, que consideró que unas reflexiones del prelado sobre las llamadas “terapias de conversión” podrían ser constitutivas de un delito de humillación, menosprecio o descrédito contra personas por motivo de su orientación sexual descrito en el artículo 510 2 a) del Código Penal, castigado con “la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de seis a doce meses”. 

Al tener conocimiento del archivo, el prelado se ha reafirmado en cinco consideraciones que ya expresó al conocer la denuncia.  

En primer lugar, que “era evidente que la denuncia no tenía recorrido y que únicamente buscaba amedrentar a la Iglesia para que no nos atreviéramos a proponer la antropología cristiana del matrimonio y de la sexualidad”.  

A juicio del prelado, quienes interponen este tipo de acciones judiciales pretenden “tener las manos libres para imponer una ‘antropología de Estado’ basada en la ‘teoría de género-LGTBI’”.

Mons. Munilla subraya en segundo lugar que “la Iglesia no puede dejar de predicar el Evangelio del amor vivido en pureza” y que “es nuestra obligación pastoral acompañar a las personas que, libremente, nos pidan ayuda espiritual para vivir en castidad”.  

En tercer lugar, el obispo considera “absolutamente incoherente” y “un auténtico liberticidio” que “quienes dicen defender la libre elección de la propia identidad sexual pretendan coartar la libertad de quienes toman un camino diferente al suyo”.  

“El colmo del colmo es que la propuesta del amor cristiano pueda llegar a ser objeto de la acusación de delito de odio y de discriminación”, añade el prelado.  

Por último, Mons. Munilla vaticina que, “así como los medios de comunicación difundieron ampliamente en noviembre la denuncia contra mí, apuesto a que, ahora que se ha demostrado falsa la acusación, serán muy pocos los que se hagan eco del archivo”.  

“¡Es lo que hay! Algunos batallan por el relato; mientras que otros lo hacemos por la verdad de la vida”, concluye el prelado. 

¿Qué fue lo que dijo Mons. Munilla y motivó la denuncia? 

Mons. Munilla decidió abordar en su programa Sexto Continente de Radio María España del 16 de mayo de 2025 la cuestión sobre las llamadas “terapias de conversión”, recordando un mensaje que él mismo había publicado el 14 de enero de 2025.  

En él afirmó: “Lo que llaman ‘terapia de conversión’, en realidad, no existe. Es tan solo un ‘constructo ideológico del marxismo para impedir a la Iglesia acompañar pastoralmente a las personas con inclinaciones homosexuales, ayudándoles a vivir la virtud de la castidad”. 

El prelado reaccionaba así a la noticia de que el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España anunció una investigación contra varias diócesis españolas por impartir supuestas “terapias de conversión” a personas con tendencias homosexuales. 

Mons. Munilla también recordó lo expresado en X el 23 de enero de 2025, después de que la ministra de Igualdad, Ana Redonde, se reuniera con el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons Luis Argüello, para abordar esta cuestión.  

Mons. Munilla expresó entonces que “es absolutamente falso que la Iglesia haga terapias de ningún tipo”, sino que "acompaña espiritualmente a quienes experimentan heridas afectivas, al tiempo que nos llama a todos a la conversión”.  

Además, expresó que “la pretensión de la ministra de que sea el Tribunal Constitucional el que dirima las condiciones para recibir la Sagrada Comunión, está a medio camino entre el sainete y la tragicomedia”. 

Durante su programa radiofónico, Mons. Munilla también afirmó que el término “terapias de conversión” surge "para criminalizar a todos aquellos que cuestionan la nueva antropología” basada en la ideología de género y “para acobardar, dominar y en el fondo aniquilar el anuncio de la buena nueva que hace la Iglesia, de que Cristo ha venido a sanar el corazón del hombre”. 

null / Santa Ángela de Merici, 27 de enero / ACI Prensa

Cada 27 de enero la Iglesia celebra a Santa Ángela de Merici, fundadora de la Orden de Santa Úrsula, cuyas integrantes son conocidas como ‘ursulinas’, la primera orden religiosa dedicada enteramente a la educación de niñas y jóvenes mujeres.

De acuerdo al Papa Benedicto XVI, “en el Renacimiento, Santa Ángela de Mérici propone un camino de santidad también para quien vive en un ámbito laico”, lo que constituyó un importante paso en el camino de comprensión del papel de quienes no están llamados a la vida consagrada dentro de la Iglesia.

La ‘pequeña amiga’ de Santa Úrsula

Santa Ángela nació el 21 de marzo de 1474 en Desenzano del Garda, localidad cercana a Brescia, en el norte de Italia. Pasó su primera infancia en el campo, al lado de sus padres, unos sencillos agricultores que trabajaban en el valle.

Fue su padre, Giovanni Merici, quien gustaba contarle historias de la vida de los santos. Ángela lo disfrutaba muchísimo mientras empezaba, casi sin querer, a desarrollar un sentimiento de cercanía por quienes siguieron los pasos de Jesús. Con mucha naturalidad, la niña empezó a relacionarse con ellos a través de la oración. De ahí el vínculo cordial que tenía con Santa Úrsula, la doncella que murió martirizada en el siglo IV, a quien Ángela terminó profesando un gran cariño y devoción. A través de los santos, o gracias a ellos, en el corazón de Ángela iba naciendo el deseo de entregar la vida a Dios por completo.

Mística precoz

A los 10 años Ángela quedó huérfana. Unos tíos suyos, los Biancosi, se hicieron cargo de ella, su hermana mayor y su hermano. Como su tío era un personaje acaudalado, vivir en su casa representó para los tres niños un gran cambio, puesto que no tuvieron que pasar más necesidad.

Sin embargo, poco después, la hermana mayor moriría de manera intempestiva. Esto produjo una gran desazón en Ángela porque su hermana había muerto sin haber recibido los sacramentos. Grande sería el sufrimiento de la niña al no saber cuál había sido la suerte de su hermana frente a Dios.

En esas circunstancias, la santa se aferró a la intercesión de la Virgen María y a la figura de San Francisco de Asís. Se refugió por completo en la oración y en la práctica de la penitencia. En su corazón de niña, había brotado un deseo cada vez más grande de agradar a Dios y pedir su misericordia, en caso Él dispusiese conceder la salvación eterna a su hermana.

Fue así como, cierto día, estando en oración, Ángela entró en éxtasis por primera vez. Rendida ante la presencia divina, tuvo una visión en la que la Virgen María le concedió ver a su hermana muerta. Inmenso fue su consuelo cuando la vio rodeada de los santos.

Terciaria franciscana

A los 13 años Ángela se hace terciaria franciscana. Previamente había hecho saber a sus tíos, quienes querían casarla, que ella deseaba permanecer virgen y ser religiosa.

"Si alguna persona, por su estado de vida, no puede vivir sin riquezas y posición, que al menos mantenga su corazón vacío del amor a estas" (Santa Ángela de Merici).

A la muerte de su tío, cuando tenía 20 años, Santa Ángela vuelve a su tierra natal, Desenzano, donde se dedica a asistir a los pobres y a catequizar a las niñas. Convierte su casa en una suerte de escuela, convencida de que la instrucción es la mejor ayuda para quienes poseen poco o nada, de que era la herramienta más adecuada para una vida feliz, ayudar a la Iglesia y, por supuesto, obtener la vida eterna.

Ángela no era religiosa en ese momento, como corresponde a todo miembro de una tercera orden, pero había encontrado un camino de entrega total al Señor y de servicio a sus hijos más necesitados. Sin duda, un maravilloso precedente, tal como lo señalaba el Papa Benedicto XVI.

En 1516, los franciscanos le pidieron a la santa que fuera a Brescia a acompañar a una mujer que había perdido a su esposo e hijos en la guerra, y que pasaba por una experiencia de tristeza indecible. Ángela permanece dos años con ella, ayudándola material y espiritualmente. Luego decide permanecer en esa ciudad, hasta que en 1524 parte a Jerusalén con un grupo de peregrinos que se sentían convocados por su testimonio de santidad. Estando de paso en Creta, sufre de una ceguera temporal, que la obliga a ser guiada a Tierra Santa, a donde logra llegar. Milagrosamente, durante el viaje de regreso recupera la vista.

Las ursulinas

En 1525, parte a Roma y se entrevista con el Papa Clemente VII, quien la invita a hacerse cargo de un grupo de enfermeras; Ángela rechaza la oferta: "Es en Brescia donde Dios me quiere".

La santa le confiesa al Papa que había tenido una visión en la que unas doncellas ascendían al cielo en una escalera de luz. En la visión, las santas vírgenes estaban acompañadas por ángeles que tocaban dulces melodías. Todas portaban coronas con piedras preciosas. De pronto, la música cesó y Jesús la llamó por su nombre y le pidió que creara una sociedad de mujeres. De esta manera, el Santo Padre le otorgó el permiso para formar una comunidad de vida consagrada.

En una nueva visión, Santa Úrsula, su mayor inspiración, se le aparece a la santa y la nombra patrona de la fundación.

El gran día

El 25 de noviembre de 1535, en la Iglesia de San Afra en Brescia, Ángela y 28 compañeras  consagraron sus vidas al servicio de la educación de las niñas. El nombre de la nueva familia espiritual fue “Compañía de Santa Úrsula”, que con el tiempo terminaría aglutinando varios institutos de vida activa y contemplativa.

El 27 de enero de 1540, Santa Ángela partió a la Casa del Padre. Las ursulinas recibieron el reconocimiento pontificio en 1544 por voluntad del Papa Pablo III. Posteriormente se establecieron como congregación en 1565. Tres años más tarde, en 1568, San Carlos Borromeo convocó a las ursulinas a Milán, persuadiéndolas de formar una rama de clausura, siguiendo la inspiración del Concilio de Trento (1545-1563).

Herederas de Santa Ángela de Mérici, sus hijas espirituales se han dedicado a la formación y educación de la juventud femenina a lo largo de los siglos.

Si deseas conocer más sobre Santa Ángela de Merici, puedes consultar la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Angela_Merici.

Más información:

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