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Miles de participantes con coronas de papel se reunieron en la Plaza del Castillo de Varsovia durante la Cabalgata de los Reyes Magos el martes 6 de enero de 2025. / Crédito: Paweł Kula/Fundacja Orszak Trzech Króli

Casi 2 millones de personas desfilarán por las calles este martes en una de las mayores celebraciones públicas católicas de Europa, cuando la Procesión de los Reyes Magos conmemore la Epifanía en 941 ciudades y pueblos de todo el país.

El evento anual, conocido como Orszak Trzech Króli (Procesión de los Reyes Magos), reúne a participantes que se visten como personajes bíblicos, llevan coronas de papel y cantan villancicos mientras siguen a figuras que representan a los Magos hasta belenes instalados en plazas públicas. EWTN Polonia transmitirá en directo la procesión principal de Varsovia en inglés por primera vez, a partir de las 11:00 a. m. hora local.

Participantes que representan a los Reyes Magos posan con un niño durante la Procesión de los Reyes Magos en Varsovia, Polonia, el martes 6 de enero de 2025. Crédito: Paweł Kula/Fundacja Orszak Trzech Króli
Participantes que representan a los Reyes Magos posan con un niño durante la Procesión de los Reyes Magos en Varsovia, Polonia, el martes 6 de enero de 2025. Crédito: Paweł Kula/Fundacja Orszak Trzech Króli

El año pasado, se estima que 2 millones de personas participaron en las procesiones en 905 localidades de Polonia y del extranjero, según Vatican News. Este año, el evento se amplía a 941 comunidades, 36 más que en 2025.

“Hemos preparado 600.000 coronas, 150.000 cancioneros con villancicos y 200.000 pegatinas”, dijo Piotr Giertych, presidente de la Fundación Procesión de los Reyes Magos. Solo en Varsovia, alrededor de 50.000 participantes marcharon en 2025.

De proyecto escolar a tradición nacional

El primer desfile callejero de los Reyes Magos tuvo lugar en Varsovia en 2009 como una extensión de una obra de teatro navideña representada por estudiantes de una escuela local. Desde que la Epifanía se convirtió en fiesta nacional en Polonia en 2011, las procesiones han crecido de manera constante, extendiéndose a ciudades y pueblos de todo el país.

El lema de este año, “Alegraos en la esperanza”, hace eco del tema del Año Jubilar de la Iglesia, “Peregrinos de la esperanza”, que concluye este martes. La frase proviene del villancico polaco del siglo XVII “Mędrcy świata, monarchowie” (“Sabios del mundo, monarcas”) de Stefan Bortkiewicz.

“Nos estamos refiriendo al Año Jubilar, que termina el 6 de enero en la Iglesia católica y que se celebró bajo el lema ‘Peregrinos de la esperanza’”, dijo Anna Murawska, directora del evento. “Por lo tanto, durante la procesión escucharemos mucho no solo sobre mantener la esperanza en la vida cotidiana, sino sobre todo sobre confiar en Dios, en su misericordia y en el encuentro con Él en el cielo”.

Una figura vestida como un ángel se eleva sobre la multitud durante la Procesión de los Reyes Magos en Varsovia, Polonia, el martes 6 de enero de 2025. Crédito: Paweł Kula/Fundacja Orszak Trzech Króli
Una figura vestida como un ángel se eleva sobre la multitud durante la Procesión de los Reyes Magos en Varsovia, Polonia, el martes 6 de enero de 2025. Crédito: Paweł Kula/Fundacja Orszak Trzech Króli

El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, y la primera dama, Marta Nawrocki, enviaron un mensaje a los participantes en el que subrayaron el mensaje de reconciliación de las procesiones.

“Que la imagen de tres monarcas que, pese a las adversidades, persiguieron su objetivo —la paz y la reconciliación— nos inspire a todos a construir relaciones basadas en la solidaridad mutua, la comprensión y el respeto”, escribió la pareja presidencial.

La procesión ceremonial se nutre de las tradiciones polacas de belenes y cantos de villancicos, al tiempo que incorpora elementos de desfiles de Epifanía similares en España y México. La procesión de Varsovia comienza en el Monumento a Copérnico y avanza por Krakowskie Przedmieście hasta la Plaza del Castillo, donde los participantes cantan villancicos juntos en el centro de la ciudad.

Traducido y adaptado por ACI Prensa. Publicado originalmente en CNA.

Se observan incendios en Caracas, Venezuela, después de que Estados Unidos lanzara lo que el presidente Donald Trump describió como un "ataque a gran escala" que incluyó la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, el sábado 3 de enero de 2025. / Crédito: STR/Getty.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en la madrugada de este sábado que fuerzas especiales del ejército norteamericano “capturaron” al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, sacándolos del país tras un “ataque a gran escala” en territorio de la nación sudamericana. 

 “Los Estados Unidos de América han llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien ha sido capturado junto con su esposa y trasladado fuera del país”, escribió Trump en una publicación compartida por el secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth. 

 Trump dijo que la operación se llevó a cabo “en colaboración con las fuerzas del orden estadounidenses” y anunció una rueda de prensa para este mismo sábado, a las 11:00 a.m. (hora del este) en Mar-a-Lago, Florida. 

 Explosiones y caos 

 El anuncio del presidente Trump se produjo tras las noticias de múltiples explosiones que sacudieron Caracas y otras ciudades venezolanas, alrededor de las 2:00 a.m. (hora local), acompañadas de sobrevuelos de aviones militares. 

 “Las explosiones fueron tan fuertes que hicieron temblar las ventanas de mi casa. Cuando vimos afuera se levantaban numerosas bolas de humo sobre Caracas. Fueron muchas, incontables. Luego empezaron a llegar videos y reportes de muchísimas explosiones en otras ciudades del país”, comentó Andrés Henríquez, corresponsal de ACI Prensa en Caracas. 

 En medio del caos y antes de que se informara de la captura de Maduro, el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Yván Gil Pinto, anunció que el régimen había declarado el “estado de conmoción externa”, una medida de emergencia constitucional que otorga amplios poderes en tiempo de guerra. 

 Citando el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Gil denunció la “agresión militar extremadamente grave” y llamó a los ciudadanos a movilizarse contra un “ataque imperialista”. Aún no está claro quién está al mando de las fuerzas del régimen en estos momentos. 

La autopista Francisco Fajardo se ve casi vacía en Caracas el 3 de enero de 2026, después de que las fuerzas estadounidenses capturaran al líder venezolano Nicolás Maduro tras lanzar un "ataque a gran escala" contra el país sudamericano. Crédito: Juan BARRETO/AFP/Getty Images.
La autopista Francisco Fajardo se ve casi vacía en Caracas el 3 de enero de 2026, después de que las fuerzas estadounidenses capturaran al líder venezolano Nicolás Maduro tras lanzar un "ataque a gran escala" contra el país sudamericano. Crédito: Juan BARRETO/AFP/Getty Images.

 La situación se desarrolla en medio del despliegue militar de los Estados Unidos en el Mar Caribe para combatir el narcotráfico. El gobierno norteamericano ha designado a Nicolás Maduro y su círculo cercano como líderes de un cartel internacional de narcotráfico y terrorismo, conocido como Cartel de los Soles. 

 Contexto eclesial 

 En su mensaje de Navidad, los obispos de Venezuela lamentaron la complicada realidad del país, que no hace sino traer dificultades y obstáculos a la población, especialmente a los más vulnerables. Expresaron también que la “gozosa experiencia” del nacimiento de Jesús se ve “ensombrecida” por la agitada realidad nacional. 

 Las tensiones entre la Iglesia y el régimen se han intensificado desde las controvertidas elecciones de julio de 2024. El episcopado ha exigido en repetidas ocasiones la liberación de los presos políticos, incluidos cientos de menores de edad, mientras que Maduro acusó recientemente al Cardenal Baltazar Porras de conspiración durante la canonización de los primeros santos de Venezuela en octubre de 2025. 

 Analistas dijeron recientemente a ACI Prensa que la Iglesia probablemente enfrentaría “más persecución” en 2026, a medida que el régimen se vuelve cada vez más aislado. 



Esta es una noticia en desarrollo. Actualizada el 3 de enero a las 8:10 a. m. (hora del este).

Imagen referencial del Papa León XIV con jóvenes durante una Audiencia General / Crédito: Vatican Media

El Papa León XIV exhortó a los jóvenes a interrogarse con valentía sobre el plan de Dios para sus vidas, ya sea en el sacerdocio, la vida religiosa o el matrimonio y la familia. “Si perciben que el Señor los llama, no tengan miedo”, les alentó.

El Pontífice lo expresó en un videomensaje dirigido a los participantes de las Conferencias SEEK26, un evento que reúne a miles de católicos en Estados Unidos para encontrarse con Cristo a través de la oración, la adoración, los sacramentos y ponentes inspiradores.

A la luz del ejemplo de los primeros discípulos, que “no querían conformarse con la rutina normal de la vida” y estaban “abiertos a Dios y anhelaban significado”, el Santo Padre se dirigió a los jóvenes presentes en el evento —organizado por FOCUS (Fellowship of Catholic University Students)— para recordarles que “hoy, Jesús dirige esta misma pregunta” a cada uno de ellos. 

Queridos jóvenes, ¿qué buscan?

“Queridos jóvenes, ¿qué buscan? ¿Por qué están aquí en esta conferencia? Tal vez sus corazones también estén inquietos, buscando sentido y plenitud, y dirección para sus vidas. La respuesta se encuentra en una persona. El Señor Jesús es el único que nos trae la verdadera paz y alegría, y que colma cada uno de nuestros deseos más profundos”, dijo a continuación.

De este modo, el Papa León XIV les invitó a aprovechar la oportunidad de pasar tiempo con el Señor y profundizar su relación con Él: “¡Estén abiertos a lo que el Señor tiene preparado para ustedes!”. 

Al recordar cómo San Andrés fue en busca de su hermano Simón para anunciarle que había encontrado al Mesías, el Pontífice explicó que “el celo misionero nace de un encuentro con Cristo”, ya que “deseamos compartir con otros lo que hemos recibido para que ellos también puedan llegar a conocer la plenitud del amor y de la verdad que se encuentran sólo en Él”.

En este contexto, expresó su deseo de que los jóvenes que participan en este encuentro se sientan movidos “por este mismo celo misionero” y al salir compartan con quienes les rodean “la alegría que han recibido de un encuentro genuino con el Señor”.

“No tenga miedo”

El Papa León XIV también les animó a no tener miedo de preguntar al Señor a “qué los está llamando”. Precisó que algunos pueden ser llamados al sacerdocio, otros a la vida religiosa o también al matrimonio y a la vida familiar. 

“Si perciben que el Señor los llama, no tengan miedo. Una vez más, permítanme enfatizar que sólo Él conoce los anhelos más profundos, quizá ocultos, de su corazón, y el camino que los conducirá a la verdadera plenitud. ¡Déjenlo que los guíe y los conduzca!”, alentó.

Al término de su mensaje, el Pontífice pidió a la Virgen María que “nos conduzca a Jesucristo” para que “podamos llegar a conocerlo verdaderamente, conocer su amor por nosotros y el maravilloso plan que tiene para cada una de nuestras vidas”. 

“De ese modo —añadió—, nuestros corazones encontrarán verdaderamente descanso en aquel a quien estamos buscando”.

Creyentes rezando y celebrando la víspera de Navidad en Katmandú, Nepal. / Crédito: Shutterstock

Durante la víspera del 31 de diciembre y el primer día del nuevo año, la Iglesia Católica ofrece la oportunidad de obtener indulgencias plenaria como muestra de la misericordia de Dios y el deseo de santificación de todos sus miembros.

Una indulgencia plenaria es la remisión de la pena temporal por los pecados que nos han sido perdonados en culpa.

Indulgencias el 31 de diciembre

En la víspera de la Solemnidad de María, Madre de Dios, la Iglesia otorga indulgencia plenaria a aquellos fieles cristianos que recen públicamente el Te Deum, agradeciendo a Dios por el año que culmina. Esta bendición se extiende especialmente el 31 de diciembre.

Para recitar el Te Deum puede ingresar AQUÍ.

Indulgencias el 1 de enero

Asimismo, el 1 de enero, en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, se concede indulgencia plenaria a quienes recen públicamente el himno Veni Creator, implorando bendiciones para el nuevo año que inicia.

Para recitar el el himno Veni Creator  ingrese AQUÍ.

Adicionalmente, aquellos que reciban devotamente la bendición papal Urbi et Orbi, ya sea a través de radio, televisión o internet (C4), así como quienes reciban con devoción la bendición del obispo de su diócesis (C4), también podrán obtener estas especiales bendiciones de la Iglesia.

Condiciones en todos los casos para obtener la indulgencia plenaria

Además de realizar la obra específica mencionada en los puntos anteriores, se deben cumplir las siguientes condiciones:

En primer lugar, es necesario experimentar un rechazo profundo hacia cualquier afecto relacionado con el pecado, incluso el venial.

En segundo lugar, se debe asistir a la Confesión sacramental, recibir la Comunión y rezar por las intenciones del Papa. Estas condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de llevar a cabo la obra que otorga la indulgencia, pero se sugiere que la Comunión y la oración se realicen el mismo día en que se lleva a cabo la obra.

Es importante destacar que mediante una única confesión se pueden obtener varias indulgencias, aunque se recomienda la frecuencia en el sacramento de la Reconciliación para profundizar en la conversión y en la pureza de corazón.

En cuanto a la Comunión eucarística y la oración por las intenciones del Santo Padre, se debe tener en cuenta que con una sola Comunión y una sola oración, realizadas el mismo día, se obtiene una indulgencia plenaria.

Finalmente, la condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple al rezar un Padre Nuestro y un Ave María. No obstante, se otorga a cada cristiano la facultad de emplear cualquier otra fórmula de acuerdo con su piedad y devoción.

null / San Silvestre, 31 de diciembre / ACI Prensa

Cada 31 de diciembre la Iglesia recuerda a San Silvestre (270-335), trigésimo tercer Papa de la Iglesia Católica. Su pontificado duró alrededor de 21 años, desde el año 314 hasta su muerte, acontecida en 335. 

Silvestre nació en Roma y gobernó la Iglesia tras la institución del Edicto de Milán (313), por el que el imperio romano detuvo oficialmente la persecución religiosa contra los cristianos. Esta fue, sin duda, una etapa en la que surgieron nuevos retos para los fieles, ya que la Iglesia dejaba atrás los años de la clandestinidad y empezaba a jugar un papel cada vez más importante en la vida pública. 

San Silvestre, en ese contexto, tuvo que afrontar problemas de naturaleza completamente diferente, como la aparición y difusión de ciertas herejías, el enfriamiento del compromiso religioso de muchos, y las intromisiones en los asuntos eclesiales por parte de Constantino o del poder imperial.

Confusión y división

En el nuevo contexto eclesial, Dios quiso que San Silvestre, elegido Papa el 31 de enero de 314, asumiera el liderazgo de la Iglesia. Una vez acabada la persecución, quedó en evidencia que el arrianismo, herejía aparecida en el siglo III, era el principal agente de división entre los cristianos. Ni siquiera los obispos estuvieron libres de su influencia, pues muchos abrazaron las tesis del obispo Arrio: negación de la divinidad de Jesucristo y su consustancialidad con Dios Padre. 

Debido a esta situación, muchos pastores fieles a la doctrina acudieron al emperador para solicitar su intervención y que, valiéndose de su poder, zanje la disputa en torno a la persona de Cristo y llame a la unidad de los cristianos. 

En busca de la unidad: Concilio de Nicea

Constantino decidió intervenir convocando a un concilio en la ciudad de Nicea (hoy Turquía) en 325 -el primer concilio ecuménico de la historia-. El Papa Silvestre envió una delegación al concilio integrada por un obispo y dos sacerdotes.

La gran mayoría de los obispos participantes, provenientes de todo el mundo, reunidos en la antigua ciudad del Asia Menor, condenaron el arrianismo. Además, como una forma de difundir las enseñanzas del concilio, los padres conciliares establecieron una fórmula sobre la base de los principios de la recta doctrina que un cristiano debe creer y conocer. Dicha recopilación de verdades fundamentales recibieron el nombre de “Credo” (Yo creo), lo que hoy conocemos como el “Credo de Nicea”. Posteriormente dicha fórmula sería aprobada por el Papa San Silvestre.

Fortalecimiento de la estructura eclesial

El emperador y muchas familias conversas al cristianismo donaron bienes y riquezas a la Iglesia. Eso acrecentó su poder y presencia. San Silvestre se convirtió, entonces, en el primer Papa que tuvo que velar por el buen uso de una cantidad considerable de posesiones y bienes. El pontífice ordenó, por ejemplo, la edificación de templos y convirtió el Palacio Laterano, donado por Constantino, en la primera catedral de Roma, hoy conocida como San Juan de Letrán. Por eso, la tradición se refiere a San Silvestre en términos de un Papa “administrador”. 

El Papa San Silvestre fue llamado a la presencia del Padre el 31 de diciembre del 335. Fue el primer Pontífice que no murió martirizado, después de que sus 32 predecesores padecieron ese terrible destino. 

El Papa León XIV durante el rezo del Ángelus / Crédito: Captura de video/Vatican Media

“Piedad y caridad, misericordia y abandono” son las virtudes de San José que el Papa León XIV destacó este domingo durante el rezo del Ángelus, animando a tenerlas presentes al transitar los últimos días del Adviento. 

La liturgia de este cuarto domingo de Adviento, señaló el Santo Padre desde la ventana del Palacio Apostólico, nos invita a meditar sobre la figura de San José, en particular, “en el momento en el que Dios le revela su misión en sueños”. 

Se trata de “una página muy hermosa de la historia de la salvación, cuyo protagonista es un hombre frágil y falible —como nosotros— y, al mismo tiempo, valiente y fuerte en la fe”, describió. 

Tomando como referencia el Evangelio de Mateo, el pontífice recordó que José de Nazaret fue un “hombre justo”, y un “israelita piadoso, que observa la Ley y frecuenta la sinagoga”, al tiempo que “una persona extremadamente sensible y humana”. 

En ese sentido, recordó que “aun antes de que el Ángel le revele el misterio que se está cumpliendo en María, frente a una situación difícil de comprender y de aceptar, él no elige la vía del escándalo y de la condena pública a su futura esposa, sino el camino discreto y benévolo del repudio en secreto”. 

De esa manera, señaló el Papa León, “demuestra que ha captado el sentido más profundo de su propia observancia religiosa: el de la misericordia”. 

“La pureza y la nobleza de sus sentimientos se vuelven aún más evidentes cuando el Señor, en sueños, le revela su plan de salvación, indicándole el rol inesperado que deberá asumir: ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías”, añadió.  

Un gran acto de fe 

En ese contexto, el Pontífice destacó el “gran acto de fe” de José, quien “deja también la última orilla de sus seguridades y navega mar adentro hacia un futuro que ya está totalmente en las manos de Dios”.  

En palabras de San Agustín, “a la piedad y caridad de José le nació de la Virgen María un hijo, Hijo a la vez de Dios”. 

“Piedad y caridad, misericordia y abandono; estas son las virtudes del hombre de Nazaret que la liturgia nos propone hoy, para que nos acompañen en estos últimos días de Adviento, hacia la santa Navidad”.  

Estas, subrayó León XIV, “son actitudes importantes, que educan el corazón al encuentro con Cristo y con los hermanos, y que nos pueden ayudar a ser, los unos para los otros, pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios”.  

Por eso, aconsejó: “En este tiempo de gracia, no perdamos ocasión para practicarlos: perdonando, animando, dando un poco de esperanza a las personas con las que vivimos y a aquellas que encontramos; y renovando en la oración nuestro abandono filial en el Señor y en su Providencia, encomendándole todo con confianza”. 

“Que nos ayuden en esto la Virgen María y san José, que fueron los primeros en acoger a Jesús, el Salvador del mundo, con gran fe y amor”, concluyó. 

null / Cuarto Domingo de Adviento 2025 / ACI Prensa

Hoy celebramos el Cuarto Domingo de Adviento y la Iglesia nos invita a contemplar a María Virgen, pronta a dar a luz. El Evangelio para este último domingo de preparación para la Navidad está tomado de San Mateo (Mt 1, 18-24).

Ella, desde aquel "¡Sí!" con el que respondió al ángel el día de la Anunciación, empezó a preparar su humilde hogar al ritmo con el que iba preparando el corazón para acoger a su Hijo Jesús, el Salvador.

Y, ahí no queda todo. La Doncella de Nazareth no se queda ensimismada, o apartada de las necesidades de los demás. No. Ella sale al encuentro de su prima Isabel, llevando a su bebé, Jesús, en el vientre. No tiene temor en acudir a quien la requiere. María, la Virgen del Adviento, va en ayuda de quien está en necesidad. ¿Qué la mueve a casa de la prima? Pues el amor. ¡Todo el amor del mundo se está gestando en su vientre! ¡Benditos nueve meses en estado de buena esperanza!

Hoy, la Iglesia nos recuerda que es Ella, María Santísima, quien nos abre de par en par las puertas del amor y la esperanza. María es el pórtico de la Navidad; la garantía de que cada ser humano es capaz de albergar la vida y alcanzar el cielo.

Sugerencia práctica para estos días

Es hora de acudir a la Virgen María. Ella está por dar a luz y lleva nada menos que a Dios en su vientre. Ese niño será reconocido como el Salvador de las Naciones. ¡Cuánto gozo habrá experimentado la Madre de Dios!

Acompañemos a la Virgen con nuestra oración: te recomendamos que hagas la Oración Familiar del Cuarto Domingo de Adviento. ¡Que sea ocasión para amar más a Jesús, y contemplarlo con los ojos con los que María lo amó!

Lectura del Evangelio del Cuarto Domingo de Adviento según San Mateo: (Mateo 1, 18-24)

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

null / Oración para el Cuarto Domingo de Adviento 2025 / ACI Prensa

La versión en PDF de la Oración familiar para el Cuarto Domingo de Adviento 2025 puede descargarse aquí.

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Este 21 de diciembre es el Cuarto Domingo de Adviento; la espera está por concluir y el Señor está más cerca que nunca de nosotros. Vivamos estos días que faltan junto a Santa María y San José. Como ellos, centremos la mirada en lo que está por suceder y dejemos todo lo que quedó atrás.

En la Oración familiar de hoy encenderemos la cuarta y última vela de la corona como símbolo de esperanza porque Dios estará en medio de su pueblo trayendo la alegría y la paz. Por eso, oremos junto a María, “Morada de la Luz”, y pidamos la gracia que necesitamos para acoger al Niño Jesús con amor y humildad. Ella nos recuerda que “... la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros” (Jn 1, 14).

Antes de la oración

Te recomendamos poner la Corona de Adviento en un lugar especial de la casa, en torno al cual se puedan reunir los miembros de la familia. Al lado de la corona se puede colocar una imagen de la Virgen, procurando iluminar el ambiente con una luz cálida, que favorezca el recogimiento.

Se debe nombrar un MONITOR para que dirija la oración -puede ser el papá o la mamá-, así como un LECTOR (o lectores, según se desee, para distribuir las distintas partes de la oración, de manera que puedan tomar parte el mayor número de personas). Los demás participarán con sus respuestas, cantos o peticiones.

Las velas correspondientes a los TRES domingos anteriores deben estar encendidas antes de iniciar la Oración familiar. Uno de los participantes encenderá la cuarta y última vela de la Corona de Adviento durante la cuarta estrofa de la canción “Hoy se enciende una llama”.

NOTA: Te sugerimos leer o revisar previamente el texto completo de la Oración familiar, especialmente las indicaciones en letra cursiva dentro del texto, que no deben ser leídas en voz alta, pero que siempre deben ser tomadas en cuenta por el MONITOR. Cuando todo esté coordinado se prosigue a iniciar la oración.

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Liturgia para el Cuarto Domingo de Adviento 2025

TODOS: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

MONITOR: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

TODOS: Que hizo el cielo y la tierra.

MONITOR:

Alegrémonos porque el Señor está cerca de nosotros y viene a traernos la salvación. La espera llega a su fin, por eso hoy encenderemos la cuarta y última vela de nuestra corona. Que este símbolo nos recuerde la proximidad de la venida del Señor Jesús. ¡Dios Hecho Niño viene a reconciliar los corazones y estamos alegres! ¡Crece la esperanza! Iniciemos la oración de esta semana cantando MORADA DE LA LUZ (u otro canto apropiado).

TODOS CANTAN:

CELEBREMOS UNIDOS A LA VIRGEN MARÍA,
PORQUE ESTÁBAMOS CIEGOS Y NOS DIO A LUZ EL DÍA,
PORQUE ESTÁBAMOS TRISTES Y NOS DIO LA ALEGRÍA.

1. Mujer tan silenciosa y encumbrada, ahora más que el sol, 
recibes en tu vientre al mismo Dios, al que es tu Creador.

2. Lo que Eva en una tarde misteriosa buscando nos perdió, 
Tú, Madre, lo devuelves florecido en fruto salvador.

3. Tú que eres bella puerta del Rey sumo, Morada de la Luz,
la puerta nos abriste de los cielos al darnos a Jesús.

LECTOR:

Lectura tomada del Evangelio según San Lucas:

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en mí: ¡su Nombre es santo!» (Lc 1, 39-49).

MONITOR:

La presencia del Señor Jesús entre nosotros nos llena de gozo y alegría. Es la Madre quien nos lo hace cercano; es Ella quien refleja la Luz de su Hijo y permite que esta llegue hasta nosotros, iluminando nuestras vidas. Cantemos ahora HOY SE ENCIENDE UNA LLAMA (u otro canto apropiado):

TODOS CANTAN:

(Al inicio de la cuarta estrofa del canto, la persona designada previamente enciende la cuarta vela)****

HOY SE ENCIENDE UNA LLAMA
EN LA CORONA DE ADVIENTO,
QUE ARDA NUESTRA ESPERANZA
EN EL CORAZÓN DESPIERTO
Y AL CALOR DE LA MADRE
CAMINEMOS ESTE TIEMPO.

  1. Un primer lucero se enciende

    anunciando al Rey que viene

    preparad corazones,

    allánense los senderos.

  2. Crecen nuestros anhelos al ver

    la segunda llama nacer.

    Como dulce rocío vendrá

    el Mesías hecho Niño.

  3. Nuestro gozo hoy quiere cantar

    por ver tres luceros brillar

    con María esperamos al Niño

    con alegría.

  4. Huyen las tinieblas al ver****

    cuatro llamas resplandecer

    ya la gloria está cerca

    levanten los corazones.

MONITOR:

Elevemos ahora nuestras peticiones a Dios, acudiendo a la intercesión de la Virgen María. Respondamos después de cada petición: POR INTERCESIÓN DE TU MADRE, ESCÚCHANOS SEÑOR.

(Peticiones libres)

Recemos ahora un Padrenuestro, un Avemaría y Gloria.

MONITOR:

Oremos:

TODOS:

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo al ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

TODOS: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Más recursos:

Esta imagen se conserva en la iglesia de San Vital, construida en el año 386, en Roma / Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News

La iglesia de San Vital, construida en el año 386, es el templo cristiano más antiguo que se conserva en el centro de Roma. Se trata del “único edificio de culto del siglo IV que ha permanecido intacto a lo largo de los siglos”, destaca su párroco el P. Elio Lops.

Este templo paleocristiano, discreto y poco promocionado en los circuitos turísticos habituales, custodia un tesoro artístico y devocional prácticamente ignorado: la primera imagen de Nuestra Señora de Guadalupe pintada en la capital italiana.

“Nunca se le ha dado la importancia que merece”, afirma el P. Lops a ACI Prensa ante una representación de la Virgen que remite de forma inmediata a la imagen impresa en la tilma de San Juan Diego en 1531.

La primera imagen de la Virgen de Guadalupe. Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
La primera imagen de la Virgen de Guadalupe. Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News

Las semejanzas saltan a los ojos. “No hay dudas sobre su identidad”, sostiene el párroco.

Aunque la posición de las manos presenta una ligera variación y faltan los rayos que rodean habitualmente la figura, “la mirada es la misma”, explica. La pintura conserva además “el mismo cinturón que marca la maternidad de nuestra Señora y la gran luna creciente bajo sus pies”, refiere el P. Lops que cita así los elementos iconográficos esenciales del relato guadalupano.

La obra fue realizada “en torno al año 1550” por el jesuita Giovan Battista Fiammeri, un artista activo en Roma que, con ocasión del Jubileo del año 1600, decoró el conjunto del templo de San Vital. 

Hipótesis sugestiva sobre el origen del cuadro

Aunque no existen documentos que lo certifiquen de forma concluyente, el párroco defiende una hipótesis sugestiva. El jesuita Fiammeri pintó el cuadro a partir de un boceto del milagro elaborado por misioneros españoles a su regreso a Roma, tras haber conocido los acontecimientos ocurridos en el cerro del Tepeyac, dos décadas antes.

Un detalle refuerza esta interpretación. En la parte inferior de la pintura, “debajo de la Virgen hay una pequeña carabela que muestra el barco con el que viajaron a México”, asegura el sacerdote. Se trata de un elemento poco habitual en la iconografía guadalupana posterior, pero muy usado en el contexto de los primeros contactos entre el Nuevo Mundo y la Santa Sede.

Sea cual sea el origen preciso del modelo utilizado por Fiammeri, lo cierto es que esta imagen precede en varias décadas a las demás representaciones de la Virgen de Guadalupe conservadas en Roma, que datan de mediados del siglo XVII, casi cien años después de las apariciones de las que se cumplirán 5 siglos dentro de seis años, en 2031.

Este dato confiere a la pintura de San Vital un valor singular como testimonio de la temprana recepción europea de una devoción que, con el tiempo, se convertiría en uno de los pilares de la identidad religiosa de América.


null / Santa Lucía, 13 de diciembre / ACI Prensa

Cada 13 de diciembre, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Lucía de Siracusa, mártir cristiana que vivió entre finales del siglo III e inicios del siglo IV.

Santa Lucía es muy popular y querida por ser especial intercesora cuando hay problemas de salud vinculados a la visión. Desde la Edad Media se le reconoce como protectora o patrona de la vista. Esta devoción proviene de una antigua tradición según la cual, como castigo por proclamar a Cristo, sus verdugos le habrían arrancado los ojos y, aún habiendo sufrido semejante atrocidad, Dios le permitió seguir viendo.

Lucía murió durante la Gran Persecución organizada por el emperador Diocleciano (e. 284-286/286-305).

Esposa fiel de Cristo

De acuerdo a las Actas de Santa Lucía, la mártir nació en Siracusa, Sicilia (Italia), en el seno de una familia noble. Sus padres eran conversos al cristianismo y se preocuparon por educarla en la fe. Tras la muerte de su padre, Lucía se acercó al Señor Jesús buscando consuelo y fortaleza para afrontar el dolor que la embargaba. Tomó a Dios como padre y protector y a cambio prometió, en secreto, virginidad perpetua. Sin embargo, su madre, Eutiquia, desconociendo la decisión de su hija, la ofreció en matrimonio a un joven pagano.

Eutiquia padecía de hemorragias y Lucía, con el propósito de ganar su favor e impedir el matrimonio, le aconsejó a su madre que fuese a orar a la tumba de Santa Ágata de Catania para pedir por su curación. Si un milagro ocurría, quizás Eutiquia accedería a liberarla del arreglo matrimonial.

Dios escuchó los ruegos de la madre y le devolvió la salud. En señal de gratitud, ella le ofreció a Lucía acceder a cualquier cosa que le pidiera. La joven rogó que no la obligue a casarse, confesándole su deseo de consagrarse a Dios y repartir la fortuna familiar entre los pobres. Eutiquia, segura de cuál era la voluntad de Dios, le otorgó el permiso a su hija.

La Gran Persecución

Al enterarse de esto, el pretendiente de Lucía se enfureció y la denunció ante el procónsul Pascasio, acusándola de ser cristiana. Eran tiempos de la persecución iniciada por Diocleciano -la Gran Persecución (302-311)- y el procónsul llevó a la joven a su presencia; y la amenazó de muerte a menos que desistiera de su postura. Lucía respondió así a la amenaza: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo”. Acto seguido, el procónsul, para denigrarla ante Dios y los hombres, ordenó que sea llevada a un prostíbulo, pero ella, sin dar un paso atrás, exclamó: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente".

Los guardias romanos intentaron llevarla a rastras hacia el prostíbulo, pero no pudieron. Lucía parecía haber sido fijada al suelo. Entonces trataron de quemarla y tampoco pudieron. Por último, le sacaron los ojos y le cortaron el cuello. Aun en ese estado, en su agonía, Santa Lucía parecía seguir viendo y, mientras se desvanecía, mostraba una fuerza inusitada para dirigirse a los que estaban presentes y exhortarlos a que se conviertan y sean fieles a Cristo.

Los ojos de Lucía

A Santa Lucía se le suele representar con una bandeja en la mano en la que yacen los ojos que le fueron arrancados. Existe también un relato que difiere del anterior, en el que aparece como víctima del acoso de un pretendiente a causa de la belleza de sus ojos. La joven, para liberarse de él, se habría sacado los ojos y se los habría enviado. Dios, en recompensa por su modestia, le devolvió la vista dándole otros ojos aún más bellos.

En la Edad Media, periodo en el que la devoción a Lucía se fortalece, se empezó a pedir su intercesión contra las enfermedades de los ojos y su nombre se vinculó a la palabra latina lux, que quiere decir “luz”. Esto reafirmó aquellas narraciones en las que el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos sin que ella perdiese la visión.

Aún cuando no hay certeza absoluta sobre qué condujo al martirio de Santa Lucía, la veracidad de su condición de mártir aparece fuera de toda duda. En 1894 fue descubierta una inscripción sepulcral en las catacumbas de Siracusa con esta inscripción: “Santa Lucía, mártir del siglo IV”.

"El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente"

Esta afilada respuesta de Santa Lucía de Siracusa al procónsul produjo ecos importantes en la teología moral siglos más tarde. Santo Tomás de Aquino reconoció la profundidad y fuerza moral de la sentencia: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente".

Para Santo Tomás estas palabras corresponden con el principio moral de que no hay pecado si no hay consentimiento en el mal. Una persona puede mantenerse pura y santa si no consiente el pecado así sea forzada o violentada; el alma no presenta mancha alguna ante Dios.

Oración a Santa Lucía

Oh Bienaventurada y amable Virgen Santa Lucía,
universalmente reconocida por el pueblo cristiano
como especial y poderosa abogada de la vista,
llenos de confianza a ti acudimos;
pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana
y le demos el uso para la salvación de nuestra alma,
sin turbar jamás nuestra mente en espectáculos peligrosos.

Y que todo lo que ellos vean se convierta en saludable
y valioso motivo de amar cada día más a Nuestro Creador
y Redentor Jesucristo, a quien por tu intercesión,
oh protectora nuestra; esperamos ver y amar eternamente
en la patria celestial. Amén.

Si deseas saber más sobre Santa Lucía, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Luc%C3%ADa.

El Papa durante la audiencia / Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News

El Papa León XIV continuó con el ciclo de catequesis sobre la relación entre la Resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual. Lea aquí el texto completo de sus reflexiones durante la Audiencia General de este miércoles.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El misterio de la muerte siempre ha suscitado profundas preguntas en el ser humano. De hecho, parece ser el acontecimiento más natural y, al mismo tiempo, más antinatural que existe. Es natural, porque todos los seres vivos de la tierra mueren. Es antinatural porque el deseo de vida y de eternidad que sentimos para nosotros mismos y para las personas que amamos nos hace ver la muerte como una condena, como un «contrasentido».

Muchos pueblos antiguos desarrollaron ritos y costumbres relacionados con el culto a los muertos, para acompañar y recordar a quienes se encaminaban hacia el misterio supremo. Hoy, en cambio, se observa una tendencia diferente.

La muerte parece una especie de tabú, un acontecimiento que hay que mantener alejado; algo de lo que hay que hablar en voz baja, para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad.

A menudo, por eso, se evita incluso visitar los cementerios, donde descansan aquellos que nos han precedido a la espera de la resurrección.

¿Qué es, pues, la muerte? ¿Es realmente la última palabra sobre nuestra vida? Solo el ser humano se plantea esta pregunta, porque solo él sabe que debe morir. Pero ser consciente de ello no le salva de la muerte, sino que, en cierto sentido, le «agobia» más que a todas las demás criaturas vivientes.

Los animales sufren, sin duda, y se dan cuenta de que la muerte está cerca, pero no saben que la muerte forma parte de su destino.

No se preguntan por el sentido, el fin o el resultado de la vida. Al constatar este aspecto, se debería pensar entonces que somos criaturas paradójicas, infelices, no solo porque morimos, sino también porque tenemos la certeza de que este acontecimiento ocurrirá, aunque ignoremos cómo y cuándo. Nos descubrimos conscientes y al mismo tiempo impotentes.

Probablemente de ahí provienen las frecuentes represiones, las huidas existenciales ante la cuestión de la muerte.

San Alfonso María de Ligorio, en su famoso escrito titulado Preparación para la muerte, reflexiona sobre el valor pedagógico de la muerte, destacando que es una gran maestra de vida. Saber que existe y, sobre todo, meditar sobre ella nos enseña a elegir qué hacer realmente con nuestra existencia.

Rezar, para comprender lo que es beneficioso de cara al reino de los cielos, y dejar ir lo superfluo que, en cambio, nos ata a las cosas efímeras, es el secreto para vivir de forma auténtica, con la conciencia de que el paso por la tierra nos prepara para la eternidad.

Sin embargo, muchas visiones antropológicas actuales prometen inmortalidad inmanente y teorizan sobre la prolongación de la vida terrenal mediante la tecnología. Es el escenario del “transhumanismo”, que se abre camino en el horizonte de los retos de nuestro tiempo. ¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte?

Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?

El acontecimiento de la resurrección de Cristo nos revela que la muerte no se opone a la vida, sino que es parte constitutiva de ella como paso a la vida eterna. La Pascua de Jesús nos hace pregustar, en este tiempo aún lleno de sufrimientos y pruebas, la plenitud de lo que sucederá después de la muerte.

El evangelista Lucas parece captar este presagio de luz en la oscuridad cuando, al final de aquella tarde en la que las tinieblas habían envuelto el Calvario, escribe: «Era el día de la Preparación y ya comenzaba el sábado» (Lc 23,54). Esta luz, que anticipa la mañana de Pascua, ya brilla en la oscuridad del cielo que aún parece cerrado y mudo.

Las luces del sábado, por primera y única vez, anuncian el amanecer del día después del sábado: la nueva luz de la Resurrección. Solo este acontecimiento es capaz de iluminar hasta el fondo el misterio de la muerte. En esta luz, y solo en ella, se hace realidad lo que nuestro corazón desea y espera: que la muerte no sea el fin, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz.

El Resucitado nos ha precedido en la gran prueba de la muerte, saliendo victorioso gracias al poder del Amor divino. Así nos ha preparado el lugar del descanso eterno, la casa en la que se nos espera; nos ha dado la plenitud de la vida en la que ya no hay sombras ni contradicciones.

Gracias a Él, que murió y resucitó por amor, con San Francisco podemos llamar a la muerte «hermana». Esperarla con la certeza de la resurrección nos preserva del miedo a desaparecer para siempre y nos prepara para la alegría de la vida sin fin.

Mons. José rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez (España). / Crédito: Diócesis de Asidonia-Jerez.

El Obispo de Asidonia-Jerez (España), Mons. José Rico, se ha desmarcado de la elaboración del manifiesto de la Asociación Mariana Internacional crítico con la Nota doctrinal Mater Populi fidelis del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. 

El documento Respuesta a Mater Populi Fidelis califica de “erróneos” y “desafortunados” algunos de los contenidos de la nota doctrinal del dicasterio en la que se afirma que “teniendo en cuenta la necesidad de explicar el papel subordinado de María a Cristo en la obra de la Redención, es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María”. 

Este documento crítico, publicado el pasado día 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, está firmado de forma colectiva por la Comisión Teológica de la Asociación Mariana Internacional, a la que pertenece Mons. Rico Pavés.  

En un comunicado, el prelado español señala que, pese a que su nombre figura entre los más de 100 miembros de dicha comisión, su participación en dicho órgano “ha consistido simplemente en recibir por email el boletín que publica periódicamente”.  

Mons. Rico explica que se unió a dicha comisión siendo Obispo Auxiliar de Getafe, “cuando se creó en esa Diócesis el Foro Mariano Diocesano y se crearon cauces de colaboración con la Asociación Mariana Internacional”. 

El Obispo de Asidonia-Jerez expone que, pese que el documento está firmado por la comisión teológica de la que forma parte, "no significa que en su elaboración y firma hayan participado sus miembros, al menos no todos, pues, en mi caso, no he tenido conocimiento de esa respuesta hasta que la he visto publicada en la web”.  

“Ignoro si ha sucedido lo mismo con los demás miembros de la Comisión Teológica como ignoro quién o quienes han elaborado la respuesta”, añade.  

Por último, el prelado subraya que “el objeto de esta aclaración no es entrar en la valoración de la respuesta a la Nota doctrinal, y mucho menos replicar un documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sino manifestar que no he participado ni en la elaboración ni en la firma de la misma”. 

El Papa saluda a los peregrinos / Crédito: Mirjana Gabric

El Papa rechazó las promesas tecnológicas para prolongar indefinidamente la existencia humana como las que hace el “transhumanismo” y recordó que la resurrección de Cristo “revela que la muerte no se opone a la vida”.

Durante la Audiencia General de este miércoles, que se ha celebrado en la Plaza de San Pedro a pesar de las bajas temperaturas del invierno romano, el Pontífice advirtió que numerosas visiones antropológicas actuales “prometen inmortalidad inmanente y teorizan sobre la prolongación de la vida terrenal mediante la tecnología”. 

Ese horizonte, dijo, es característico del “transhumanismo”, un fenómeno que “se abre camino en el horizonte de los retos de nuestro tiempo”.

Ante ello, instó a plantearse dos preguntas centrales: “¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte? Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?”.

La Audiencia General de este miércoles, que se ha celebrado en la Plaza de San Pedro a pesar de las bajas temperaturas del invierno romano,. Crédito: Mirjana Gabric
La Audiencia General de este miércoles, que se ha celebrado en la Plaza de San Pedro a pesar de las bajas temperaturas del invierno romano,. Crédito: Mirjana Gabric

Frente a esas propuestas, el Santo Padre reflexionó sobre el sentido cristiano de la muerte que es “parte constitutiva de ella como paso a la vida eterna”. 

Y agregó: “La Pascua de Jesús nos hace pregustar, en este tiempo aún lleno de sufrimientos y pruebas, la plenitud de lo que sucederá después de la muerte”.

La muerte, “una gran maestra de vida”

León XIV recordó además que, a lo largo de la historia, “muchos pueblos antiguos desarrollaron ritos y costumbres relacionados con el culto a los muertos, para acompañar y recordar a quienes se encaminaban hacia el misterio supremo”. En contraste, señaló que en el mundo contemporáneo la muerte “parece una especie de tabú” y “algo de lo que hay que hablar en voz baja, para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad”.

El Papa lamentó que esta actitud lleve con frecuencia a “evitar incluso visitar los cementerios, donde descansan aquellos que nos han precedido a la espera de la resurrección”.

Algunos peregrinos estadounidenses durante la audiencia. Crédito: Mirjana Gabric
Algunos peregrinos estadounidenses durante la audiencia. Crédito: Mirjana Gabric

Asimismo, evocó las enseñanzas de San Alfonso María de Ligorio, recordando la vigencia de su obra Preparación para la muerte. El Pontífice subrayó que, para el santo napolitano, la muerte constituye “una gran maestra de vida”, capaz de orientar al creyente hacia lo esencial.

Según explicó el Papa, San Alfonso invitaba a “saber que la muerte existe y, sobre todo, meditar sobre ella” como camino para aprender a discernir lo verdaderamente decisivo en la existencia.

León XIV recordó asimismo que, en la espiritualidad alfonsiana, la oración ocupa un lugar central “para comprender lo que es beneficioso de cara al reino de los cielos y dejar ir lo superfluo que nos ata a las cosas efímeras”.

En esta óptica, aseveró que sólo la resurrección de Cristo “es capaz de iluminar hasta el fondo el misterio de la muerte”. 

“En esta luz, y sólo en ella, se hace realidad lo que nuestro corazón desea y espera: que la muerte no sea el fin, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz”, insistió.

Así, el Papa explicó que Cristo resucitado “ha precedido en la gran prueba de la muerte, saliendo victorioso gracias al poder del Amor divino”. 

“Nos ha preparado el lugar del descanso eterno, la casa en la que se nos espera; nos ha dado la plenitud de la vida en la que ya no hay sombras ni contradicciones”, concluyó.

El Papa saluda a Zelenski en Castel Gandolfo / Crédito:Vatican Media

El Papa León XIV recibió en audiencia al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, según informó la Santa Sede en un comunicado.

El encuentro, descrito como “cordial”, estuvo centrado en la situación de la guerra en Ucrania y en las perspectivas de las iniciativas diplomáticas actualmente en curso. 

Durante la conversación, el Santo Padre reiteró “la necesidad de continuar el diálogo” y renovó su “apremiante deseo” de que los esfuerzos diplomáticos puedan conducir a “una paz justa y duradera”, según la nota difundida por el Vaticano.

La reunión abordó también cuestiones humanitarias especialmente sensibles. Durante las conversaciones se hizo referencia a la situación de los “prisioneros de guerra” y se subrayó la urgencia de “garantizar el regreso” de los niños ucranianos separados de sus familias y deportados ilegalmente a Rusia.

Tras la audiencia privada, Zelenski expresó su “profunda gratitud” al Papa León XIV por el constante apoyo de la Santa Sede a la población ucraniana.

En un mensaje difundido en sus redes sociales tras la reunión, agradeció en particular la ayuda humanitaria. Durante la audiencia, según relató, agradeció al Pontífice “sus constantes oraciones por Ucrania y por el pueblo ucraniano, así como sus llamados a una paz justa”.

El presidente ucraniano informó además al Papa sobre los contactos y negociaciones diplomáticas que Kiev mantiene con Estados Unidos para abrir caminos hacia la paz. “Le informé al Papa sobre los esfuerzos diplomáticos con los Estados Unidos para lograr la paz”, señaló.

Uno de los puntos centrales de la conversación fue el destino de los menores ucranianos deportados ilegalmente a territorio ruso. Zelenski destacó que ambos discutieron “las acciones futuras y la mediación del Vaticano destinada a lograr el retorno de nuestros niños secuestrados por Rusia”, un tema que la Santa Sede mantiene en su agenda humanitaria desde los primeros meses del conflicto.

El mandatario ucraniano expresó también su agradecimiento a León XIV “por todos sus esfuerzos para apoyar a los jóvenes ucranianos” y por la atención constante hacia las necesidades del país. En ese sentido, subrayó que el encuentro fue “un diálogo importante y cercano”, centrado en la protección de la población civil y en el acompañamiento espiritual que el Pontífice ha manifestado en repetidas ocasiones.

Zelenski aprovechó la ocasión para renovar una invitación formal al Papa para viajar a Ucrania. “Invité al Papa a visitar Ucrania. Sería una señal poderosa de apoyo para nuestro pueblo”, afirmó.

El Papa, Zelenski y el embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andrii Yurash. Crédito: Vatican Media
El Papa, Zelenski y el embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andrii Yurash. Crédito: Vatican Media

La audiencia se produce un día después de que Zelenski viajase al Reino Unido, donde mantuvo una reunión en Downing Street con el primer ministro de ese país, Keir Starmer, en la que participó el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz.

Ese encuentro estuvo centrado en las negociaciones en torno al plan de paz para Ucrania presentado por Washington y en los siguientes pasos que deben producirse. El primer borrador de 28 puntos presentado por la Administración de Donald Trump en noviembre planteaba una resolución del conflicto ampliamente favorable a Moscú.

A esa propuesta siguió otra forjada en Ginebra por delegaciones de Estados Unidos, Ucrania y Europa. Zelenski ha llegado a Castel Gandolfo, donde el Papa suele transcurrir los martes en una pausa semanal, después de tres días de conversaciones en Miami entre el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el negociador ucraniano, Rustem Umerov. 

Hace justo una semana, el presidente ruso, Vladimir Putin, se reunió con Witkoff en Moscú sin ningún avance significativo.

Este es el tercer encuentro oficial entre ambos, después de que León XIV recibiera a Zelenski en una audiencia tras la Misa de inicio de su pontificado, el pasado 18 de mayo, y en un segundo encuentro el 9 de julio, también en Castel Gandolfo.

Tras esta reunión, Zelenski tiene previsto reunirse con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a las 15:00 (hora local) en el marco de una nueva ronda de contactos con los principales líderes europeos sobre el proceso de paz en Ucrania.

Ucrania solicitó por primera vez la intervención del Vaticano poco después de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. Desde entonces, la Santa Sede continúa su actividad diplomática en favor de la paz, al tiempo que mantiene canales de diálogo abiertos con todas las partes implicadas.


Imagen de la iniciativa de Hakuna para el Adviento 2025: Slope: to the core. / Crédito: Hakuna

Este Adviento Hakuna ha lanzado un nuevo slope (pendiente) o profundización religiosa centrado en la pobreza espiritual basado en la exhortación Dilexi te del Papa León XIV. 

Catalina Felli, argentina afincada en España y miembro de esta joven realidad eclesial, explica a ACI Prensa que Hakuna propone este formato de reflexión espiritual que se distribuye a través de grupos de WhatsApp y su perfil en Instagram, sobre todo durante los tiempos fuertes litúrgicos. 

La idea es “ir tomando carrera en esta pendiente para vivir a full lo que toca, intentar profundizar y vivir concretamente algún aspecto de la vida”, añade. 

En concreto, la propuesta para este Adviento 2025 es “profundizar la pobreza espiritual en la línea del Papa León XIV” expresada en la exhortación apostólica Dilexi te.  

Este slope que han titulado To the core (Hasta el fondo), es una invitación a asomarse al núcleo de la Navidad, para lo que “hay que hacerse muy pobre, quitar todo lo que sobra”, algo así como el proceso con el que Miguel Ángel describió el modo en que esculpió el David: “Ir quitando capas para que quede lo que realmente somos”, puntualiza Catalina. 

Cada uno de los envíos diarios, a los que en Hakuna llaman tracks, ofrece un punto de meditación que puede estar inspirado en el Evangelio, en una poesía. 

También se ofrecen ejercicios de oración y meditación como hacer una lista de propósitos de Adviento para, a continuación, hacerla desaparecer:  

“Rompe tu lista, quémala, haz una bola y métela a la basura. Haz lo que quieras, pero olvídate de ella. Porque esto no va de hacer. La pobreza se recibe, se descubre. Es una rendición a la realidad misma. Por eso, este Slope no va de hacer. Va de ser hecho”, se puede leer en unos de los envíos que ya se han realizado.  

Al menos 2.000 personas se han apuntado a los grupos de WhatsApp para recibir las meditaciones y propuestas para este Adviento de parte de Hakuna, localizados en países diversos como Venezuela, Colombia, Argentina, México, Costa Rica, Guatemala, Reino Unido, Portugal, Italia, Francia y España. 

null / San Juan Diego, 9 de diciembre /ACI Prensa

Cada 9 de diciembre, pocos días antes de celebrar la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, recordamos a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin (1474-1548), en cuyos vestidos quedó impresa la imagen de la Madre de Dios.

“¡Amado Juan Diego, ‘el águila que habla’! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo de su corazón”, exclamó con voz potente el Papa San Juan Pablo II durante la homilía de la misa de canonización de San Juan Diego, celebrada el 31 de julio de 2002.

Con estas palabras el Papa le pedía al vidente de Guadalupe que nos muestre el camino del amor y piedad a nuestra madre, la Virgen María, para que todos los fieles la amemos como este santo la amó: con corazón inocente y puro.

Quizás por eso, hoy, como ayer, cada vez que queramos desearle el bien a alguien -por ejemplo a un hijo- debamos decirle: “Que Dios te haga como Juan Diego”.

Juan Diego, fruto maduro de la evangelización de América

De acuerdo a la tradición, San Juan Diego nació en 1474 en Cuautitlán, entonces reino de Texcoco (hoy territorio mexicano), una región habitada por etnias chichimecas. Su nombre era Cuauhtlatoatzin, que significa “Águila que habla” o “El que habla con un águila”.

Siendo ya un hombre maduro y con una familia a cuestas, Juan Diego empezó a conocer la religión que había llegado con los foráneos, los españoles. Se sintió interpelado por esta gracias a las enseñanzas que impartían los franciscanos arribados a territorio mexicano en 1524. Un tiempo después, Juan Diego recibiría el bautismo junto a su esposa, María Lucía. Luego se casarían cristianamente, aunque su matrimonio no duraría mucho debido a la intempestiva muerte de María Lucía.

La Madre del cielo se apareció en el monte

El 9 de diciembre de 1531, estando Juan Diego de camino por el monte del Tepeyac, se le apareció la Virgen María. La “Señora”, como empezaría a llamarla, se presentó como “la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios”, según sus propias palabras. Ella le encomendó que se presentara ante el obispo capitalino, el franciscano Juan de Zumárraga, para pedirle en su nombre que se construya una iglesia en aquel lugar.

Juan Diego accedió a llevar la petición de la Señora al obispo, pero este no le creyó y se negó a cumplir el pedido. La Virgen, entonces, se le apareció de nuevo a Juan Diego y le pidió que insistiera. Al día siguiente, el indígena volvió a encontrarse con el prelado, quien, escéptico, lo interrogó sobre la doctrina cristiana y le pidió pruebas del prodigio que relataba.

El milagro de las flores

El martes 12 de aquel diciembre, la Virgen se presentó nuevamente a Juan Diego y lo consoló porque se hallaba muy triste, invitándole a subir a la cima de la colina del Tepeyac para que recogiera flores y se las trajera.

A pesar de lo agreste del lugar y de que era invierno, San Juan Diego accedió con diligencia al pedido de la Virgen. Cuando llegó a la cima del monte encontró un brote de flores muy hermosas. Entonces las recogió y las colocó, bien envueltas, en su “tilma” (nombre del manto típico con el que se revestían los indígenas de la región). La Virgen luego le pidió que se las llevara al obispo.

Estando frente al prelado, el santo soltó la parte delantera de su tilma para dejar caer las flores. Sorprendentemente, al precipitarse estas dejaron expuesta sobre el tejido una imagen femenina, de piel morena y rasgos indígenas. Era la imagen de la “Señora”, la Virgen de Guadalupe.

Desde ese momento, aquel prodigio se convertiría en el corazón espiritual de la Iglesia en México y en una de las más extendidas devociones marianas del mundo. La Virgen de Guadalupe habría de cambiar el rumbo de la Evangelización de los pueblos americanos y sellaría para siempre el vínculo entre la cultura hispánica y la de los pueblos originarios de América.

Con la autorización del obispo, el templo consagrado a la Virgen de Guadalupe se empezó a construir en el Tepeyac, y San Juan Diego sería el primer custodio del santuario. El santo, por su parte, construyó una humilde casita para vivir al costado de la iglesia. San Juan Diego limpiaba la capilla y acogía a los peregrinos que visitaban el lugar. Allí permaneció hasta el final de sus días, dedicado al servicio de la “Señora del Cielo”. El santo murió en 1548.

San Juan Pablo II beatificó a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1990 y lo canonizó en el año 2002. Su fiesta se celebra cada 9 de diciembre.

Una síntesis cultural forjada al calor de los cuidados de la Madre

Incontables bendiciones enriquecen la historia de la Virgen de Guadalupe. En esa historia, San Juan Diego ocupa un lugar primordial, cargado de simbolismo: fue un hombre de raza indígena, muy sencillo y de corazón puro, un laico como cualquier otro, pero de una devoción inmensa a la Madre de Dios.

Esta es una historia que invita a contemplar a la Madre y renovar el esfuerzo evangelizador en América y en el resto del mundo. Con la cooperación de San Juan Diego, María le regaló a todos sus hijos una prueba fehaciente de que Ella está siempre cerca del corazón de todos los pueblos del mundo.

¡María de Guadalupe, ruega por nosotros!

null / Inmaculada Concepción, 8 de diciembre / ACI Prensa

Cada 8 de diciembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.

Se trata de una celebración de enorme trascendencia para los cristianos, en la que se recuerda, con gratitud y alegría, el designio divino por el que la Madre de Jesús quedó preservada del pecado original desde el momento mismo de su concepción.

En el mundo católico, la Inmaculada Concepción es fiesta de guardar y en muchos calendarios, especialmente de América Latina, se considera feriado civil y religioso.

Dogma

Todo ser humano desde que es invitado a la existencia lleva sobre sí la carga del ‘pecado original’, cometido por nuestros primeros padres, Adán y Eva. María, por el contrario, en el preciso momento del inicio de su vida, fue preservada de dicha carga y protegida del mal que ingresó al mundo, como consecuencia del uso indebido de la libertad humana. Ella quedó limpia de esa falta que solo puede ser absuelta por la gracia del bautismo en virtud a que sería Madre del Salvador.

Que María goce de tal privilegio es solo entendible dentro del marco del plan divino de la salvación. Y es en virtud de dicho plan, cuyo centro es Cristo, que la Inmaculada Concepción de nuestra Madre resulta un dato imposible de ser soslayado; por eso, la Iglesia ha tenido a bien erigirlo como dogma de fe: todo católico está obligado a creer y defender esta certeza, preservada por la Iglesia como don único.

Un poco de historia

La Iglesia ha preservado desde sus inicios la certeza de que María es “Inmaculada”, es decir, en ella no hay mancha alguna a causa del pecado.

Es a mediados del siglo XIX que el Papa Pío IX, después de recibir numerosos pedidos de obispos y fieles de todo el mundo, en comunión plena con toda la Iglesia, proclamó la bula Ineffabilis Deus [Dios inefable] con la que queda decretado este dogma mariano:

“Que la doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." (Pío IX, Ineffabilis Deus).

El día elegido para la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción fue el 8 de diciembre de 1854. En aquella ocasión, desde Roma fueron enviadas cientos de palomas mensajeras portando el texto con la gran noticia. Se afirma que unos 400 mil templos católicos alrededor del mundo repicaron campanas en honor a la Madre de Dios.

Unos tres años después (1857), en Lourdes (Francia), la Virgen María se le apareció en repetidas oportunidades a una humilde pastorcita, Santa Bernardita Soubirous. En una de ellas se presentó a sí misma con estas palabras: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Actualmente son miles las iglesias y capillas -distribuidas en los cinco continentes- que están dedicadas a “la Inmaculada”; y millones los fieles que le profesan a Ella particular devoción.

En el corazón de nuestros pueblos hispanos

La Inmaculada Concepción es la patrona de España; mientras que en América, en muchos países, ha quedado impostada en diversas advocaciones marianas.

Solo como una pequeña muestra de esto, se puede traer a colación que, por ejemplo, en Nicaragua la imagen de “Nuestra Señora de El Viejo” es una representación de la Inmaculada Concepción -cuyos devotos llaman cariñosamente “La Purísima”-. Algo semejante sucede en Paraguay con la venerada “Virgen de Caacupé”, que también es una representación de la Inmaculada Concepción.

Si quieres conocer más sobre la Inmaculada Concepción o sobre la historia del dogma, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Inmaculada_Concepci%C3%B3n.

Más información:

null / San Sabas de Capadocia, 5 de diciembre / ACI Prensa

Como todos los años, hoy, 5 de diciembre, la Iglesia Católica recuerda la figura de San Sabas de Capadocia, célebre monje de la antigüedad, discípulo de San Eutimio el Grande. La mayor parte de su vida, transcurrida entre los siglos V y VI, residió en Palestina, dedicado a la oración, la meditación, la dirección espiritual y al trabajo manual.

De ser criado por monjes…

Sabas nació en Cesarea de Capadocia (actual Turquía) en el año 439, en tiempos del Imperio bizantino. Como su padre pertenecía al ejército imperial, fue convocado a salir en campaña y tuvo que dejar a Sabas al cuidado de sus familiares.

Estos, lamentablemente, aprovechando la ausencia del padre, lo repudiaron, por lo que Sabas terminó siendo acogido en un monasterio con sólo ocho años. Allí permaneció hasta que creció y tuvo edad suficiente para ir a Jerusalén en peregrinación, con la intención de aprender el modo de vida de los eremitas de aquella región.

A los 20 años se convirtió en discípulo de San Eutimio -famoso abad y monje del desierto-, y a los 30 ya vivía como un anacoreta, dedicado a la oración en completa soledad. Se dice que pasó cuatro años en el desierto sin hablar con nadie.

En una siguiente etapa, mantuvo el espíritu eremita, pero destinaba parte de su tiempo a ayudar a los más necesitados. Como era costumbre entre los monjes, Sabas hacía trabajo manual: confeccionaba canastas que luego vendía en el mercado para repartir el dinero obtenido entre los más pobres.

…a formador de monjes

Su fama de santidad se extendió por la región y muchos monjes empezaron a visitarlo buscando dirección espiritual. Así, Sabas se convertiría en el maestro de los monjes de lo que se conoce como la Gran Laura de Mar Sabas, monasterio que fundó y que está incrustado en la ladera de una montaña rocosa cerca de Belén, en los alrededores del Mar Muerto.

Los monjes allí habitaban las pequeñas y numerosas cuevas repartidas a lo largo del paisaje en torno a una capilla. El Patriarca de Jerusalén ordenó sacerdote al Abad Sabas y lo puso a cargo de todos los monjes de Tierra Santa.

Con el tiempo, la Gran Laura se convertiría en el prototipo para el desarrollo del monaquismo en Oriente.

El abad Sabas fue enviado a Constantinopla, residencia del emperador, hasta en tres ocasiones, para obtener su protección contra los perseguidores de cristianos o para solicitar su apoyo en medio de las disputas doctrinales en torno a la naturaleza de Cristo, tema que enfrentó a los cristianos durante los primeros siglos. Sabas siempre se mantuvo en los límites de la ortodoxia.

San Sabas murió el 5 de diciembre del año 532, a los 94 años de edad.

La humildad y sabiduría de este santo influenció enormemente en el desarrollo del monacato. Muchos hombres siguieron su ejemplo de desprendimiento de las cosas mundanas y su pasión por los asuntos De Dios.

San Sabas fue el formador de cientos de monjes, a los que guio tras las huellas del Señor. Entre sus discípulos se cuentan cinco santos: San Juan Damasceno -a quien recordamos ayer-, San Afrodisio, San Teófanes de Nicea, San Cosme de Majuma y San Teodoro de Edesa.

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P. Hans Zollner, sacerdote jesuita experto en abusos en la Iglesia Católica / Crédito: Cortesía Hans Zollner

La memoria de poder y abuso de poder es el nuevo libro escrito por la profesora de historia Franziska Metzger, el teólogo Paul Oberholzer y el P. Hans Zollner, sacerdote jesuita y experto en la lucha contra el abuso sexual en la Iglesia, en el que ilustran cómo el uso del poder puede también conducir a un abuso de la memoria.

El P. Zollner reveló en conversación con ACI Prensa la razón por la que los coautores decidieron escribir este libro: descubrir que a la Iglesia Católica “le resulta difícil recordarse a sí misma y recordar a los demás el abuso de poder infligido por miembros del clero a muchas víctimas de violencia sexual y de otros tipos”. 

Una cultura de la memoria adecuada

En la obra se expone cómo aquellos que disponen de poder pueden también “borrar los puntos oscuros de la conciencia pública mediante una política de la memoria”. El libro cuenta además con la opinión de profesionales de diversas disciplinas, ya que “el poder, el abuso y la memoria son fenómenos complejos que deben examinarse desde distintas perspectivas”, afirma el sacerdote alemán.

Para el P. Zollner, una cultura de la memoria adecuada “resulta en un compromiso creíble con la transparencia, la rendición de cuentas y la justicia restaurativa”. Para ello, afirma, es necesario “crear espacios seguros para que los supervivientes puedan contar sus historias sin temor a re-traumatización, vergüenza o incluso represalias, y hacerlo de una manera que se adecue a ellos”. 

También citó los “factores sistémicos” que han contribuido al abuso, como “el clericalismo y la priorización del prestigio institucional por encima del bienestar de los niños, jóvenes y otras personas vulnerables”. “Al reconocer honestamente el pasado —añade— y tomar medidas concretas para prevenir futuros abusos, la Iglesia puede comenzar a reconstruir la confianza y crear una cultura de sanación”.

Respecto a los abusos sexuales y el encubrimiento de estos crímenes por parte de las autoridades eclesiales, el que fuera miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores remarcó que las dinámicas de poder existentes hasta ese momento habían creado un entorno “en el que las víctimas de abuso a menudo se sentían silenciadas, sus experiencias desestimadas o activamente suprimidas”. 

Obstáculos para un proceso de memoria real

Así, el poder institucional de la Iglesia “se utilizó para moldear la narrativa sobre el abuso”, explica el P. Zollner. A su vez, lamenta que esta dinámica se priorizó “con demasiada frecuencia por encima del cuidado de las víctimas”. 

“La resistencia de la Iglesia a asumir una responsabilidad integral ha obstaculizado cualquier proceso de memoria real” explica. Asimismo, precisa que “aunque algunas diócesis han tomado medidas para reconocer el abuso y pedir perdón a los supervivientes, muchas han resistido los llamados a la transparencia y la reparación”.

La aparición de los testimonios de los supervivientes ha forzado, según el sacerdote jesuita, “un ajuste de cuentas con el pasado y ha revelado la magnitud del abuso y la complicidad de la Iglesia”, lo que ha derivado en una creciente demanda de conmemorar adecuadamente el sufrimiento. 

“Cada vez más de los afectados han comenzado a crear sus propios espacios de memoria, a contar sus historias en libros, entrevistas o mediante imágenes, poemas o pinturas, y a exigir justicia. Este proceso es importante para la sanación y para garantizar que el pasado no se repita”, afirmó.

Al examinar estos abusos desde la perspectiva de la dimensión de la memoria, el P. Zollner precisa que deben “hacerse visibles tanto las historias y narraciones individuales como las formas de narrar, los modos y los espacios de recuerdo en una sociedad, en partes de ella, en comunidades y por parte de distintos agentes”. 

En el libro se abordan estas cuestiones con una perspectiva transdisciplinar amplia sobre el poder y la memoria de los abusos de poder en sociedades pasadas y presentes, “con el objetivo de desarrollar enfoques metodológicos fructíferos y esquemas de análisis”. 

En consecuencia, los conceptos y líneas de pensamiento de la filosofía y la teoría de la historia, “la didáctica de la historia, la historia religiosa, la teología y la antropología se ponen en relación con perspectivas y enfoques metodológicos del campo de los Memory Studies”.

El P. Zollner remarca que los actos de memoria desempeñan un papel importante en la transformación fundamental de actitudes y mentalidades, “las cuales cambian por algo más que apelaciones cognitivas u órdenes autoritarias”.

Esto, según el coautor, “facilitaría reconocer los desafíos a los que se enfrentan los afectados y ofrecería una imagen más clara de cómo deben ser los esfuerzos continuos para lograr una mayor justicia y una sanación más profunda”.

Reconocer el pasado para reconstruir la confianza

“Conocer el propio pasado ayuda a ser más coherente, más eficaz en la misión y más creíble en el testimonio”, destacó. 

El sacerdote remarca que la Iglesia tiene “una implicación histórica y prolongada” en instituciones educativas, académicas, sociales y sanitarias, y reiteró que la protección de menores y adultos vulnerables “no es un asunto exclusivo de unos pocos especialistas; es responsabilidad de cada persona y, ciertamente, de todo cristiano, no solo de los líderes de la Iglesia, sino de todos los discípulos de Cristo”. 

“Si bien no es posible erradicar por completo el abuso de menores, sí se puede hacer mucho para crear una cultura de espacios, prácticas y relaciones seguras en la Iglesia. Esto no es una opción; es una responsabilidad derivada de nuestro pasado y es, hoy más que nunca, una parte integral de la misión que el Señor ha confiado a la Iglesia, y es su responsabilidad cumplirla”, concluyó. 

Hermanos Franciscanos

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