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En el aniversario de la llegada del hombre a la Luna, León XIV recorre las instalaciones de la "Specola Vaticana" en Castel Gandolfo. 20 de julio de 2025. / Crédito: Vatican Media

Dos nuevos asteroides descubiertos por astrónomos del Observatorio Astronómico Vaticano han sido oficialmente bautizados con los nombres de dos santas polacas: Faustina y Ledochowska, según anunció el último boletín del Working Group for Small Body Nomenclature de la Unión Astronómica Internacional (UAI).

Los cuerpos celestes, identificados ahora como (798737) Faustina y (798772) Ledochowska, fueron descubiertos en noviembre de 2012 por el sacerdote jesuita Richard P. Boyle, astrónomo de la Specola Vaticana, junto con su colaborador Kazimieras Černis, de Vilna (Lituania).

Lograron esta hazaña gracias al Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada (VATT) del Observatorio Vaticano en el Monte Graham, en Arizona (Estados Unidos), el mejor sitio astronómico del continente.

Dos santas polacas

Según detalló el sitio web de la página de la Gobernación del Estado del Vaticano, los dos nuevos nombres rinden homenaje a Santa Faustina Kowalska y a Santa Úrsula Ledóchowska, dos figuras fundamentales de la espiritualidad y del compromiso social católico del siglo XX. 

Faustina Kowalska (1905–1938), mística polaca, es conocida en todo el mundo por las revelaciones que dieron origen a la devoción de la Divina Misericordia y fue canonizada por San Juan Pablo II en el año 2000. El asteroide que ahora lleva su nombre fue descubierto el 13 de noviembre de 2012.

Una semana más tarde, el 20 de noviembre, el mismo equipo identificó otro objeto, hoy denominado Ledochowska, en honor de Santa Úrsula Ledóchowska (1865–1939), fundadora de la Congregación del Corazón Agonizante de Jesús, dedicada especialmente a la educación y al servicio de los más pobres y marginados. Fue canonizada en 2003.

Asteroides nombrados por jesuitas. Crédito: Specola Vaticana
Asteroides nombrados por jesuitas. Crédito: Specola Vaticana

Además de las dos santas polacas, la UAI ha asignado oficialmente el nombre de otros miembros y colaboradores de la Specola Vaticana a nuevos asteroides descubiertos por el mismo equipo. 

Entre ellos figuran (591000) Galaverni, dedicado al sacerdote y físico italiano, Matteo Galaverni, y (752403) Bayurisanto, en honor al jesuita indonesio, Bayu Risanto, especialista en meteorología. Otro asteroide, (763533) Alabiano, recuerda al teólogo jesuita español García Alabiano (1549–1624), profesor y rector en la Universidad de Vilnus (Lituania).

Una de las más antiguas instituciones astronómicas del mundo

El Observatorio Vaticano lleva a gala ser una de las más antiguas instituciones astronómicas del mundo. Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando el Papa Gregorio XIII ordenó construir la Torre de los Vientos en el Vaticano y convocó a los mejores astrónomos y matemáticos del mundo para reformar el calendario.

Con estas nuevas denominaciones, la lista de asteroides dedicados a miembros de la Compañía de Jesús y a figuras vinculadas a la Specola Vaticana asciende ya a casi cuarenta, lo que refleja la prolongada contribución científica del Observatorio del Vaticano a la astronomía moderna. 

Cómo se asignan los nombres de los asteroides

El proceso de denominación de los asteroides está regulado por la Unión Astronómica Internacional. Cuando un objeto es descubierto por primera vez, recibe una designación provisional basada en la fecha y el orden del hallazgo. Una vez que su órbita está suficientemente determinada y se le asigna un número permanente, los descubridores pueden proponer un nombre que sustituya la designación técnica.

Ese nombre debe cumplir estrictas normas: no puede exceder los 16 caracteres, debe escribirse normalmente como una sola palabra, ser pronunciable en al menos un idioma reconocido y no resultar ofensivo ni referirse a productos comerciales o figuras políticas o militares contemporáneas.

Tras su aprobación, el asteroide pasa a ser identificado oficialmente con la forma “(número) Nombre”, como en los recientes (798737) Faustina y (798772) Ledochowska.

El Santo Padre junto al obispo de la diócesis de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar, el actual director de Proyecto Hombre, el P. Manuel Mingorance, y el P. José María Tortosa, uno de los impulsores históricos de esta iniciativa. / Crédito: Vatican Media

Hace veinticinco años, la Diócesis de Granada y la Guadix (España) pusieron la primera piedra de un proyecto nacido para no dejar solos a quienes habían caído en la drogodependencia. Aunque Proyecto Hombre llevaba años operando en el país, su implantación en la ciudad andaluza supuso un refugio para decenas de personas enganchadas a las drogas o el alcohol.

“En el año 2000 no existía la información ni la sensibilidad que hay ahora. Había mucha heroína, mucho alcohol y mucha soledad. Llegaban personas que lo habían perdido todo: la familia, el trabajo, la autoestima”, recuerda el P. José María Tortosa, uno de los impulsores históricos de esta iniciativa.

El sacerdote, que actualmente reside en Roma, conoce de primera mano cómo el miedo, la ansiedad por la siguiente dosis y la dependencia destruyen matrimonios, separan a los padres de sus hijos y erosionan hasta el último resto de dignidad personal. Por eso insiste en que la rehabilitación no puede reducirse a la simple abstinencia.

Terapeutas del proyecto Hombre y voluntarios junto al sacerdote. Crédito: Cortesía P. Tortosa
Terapeutas del proyecto Hombre y voluntarios junto al sacerdote. Crédito: Cortesía P. Tortosa

“Una persona no se cura sólo dejando de consumir"

“Una persona no se cura sólo dejando de consumir. También tiene que reconstruir su vida: volver a trabajar, a confiar, a relacionarse. Si no se potencia eso, la recaída es casi inevitable”, afirma, convencido de que uno de los grandes logros de Proyecto Hombre ha sido demostrar que salir de una adicción implica rehacer la propia existencia.

Inspirado en un modelo nacido en Italia, esta iniciativa nunca se limitó a proporcionar herramientas para abandonar una sustancia o una conducta, sino que buscó devolver a las personas un sentido para vivir. “La persona no es un problema que hay que eliminar, sino alguien que hay que acompañar para que pueda volver a trabajar, a relacionarse, a vivir”, subraya el P. Tortosa.

Encuentro con el Papa

El pasado miércoles 14 de enero, tras la Audiencia General del Papa en el Vaticano, el sacerdote pudo presentar a León XIV la trayectoria y los nuevos desafíos de una iniciativa que, desde hace un cuarto de siglo, acompaña a personas atrapadas en distintas formas de adicción. 

En el breve encuentro también estuvo presente una amplia representación de la Iglesia granadina. Junto al Santo Padre se encontraban miembros del Consejo Pastoral de la diócesis de Guadix, acompañados por su obispo, Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar, así como una delegación de la Fundación Granadina de Solidaridad Virgen de las Angustias – Proyecto Hombre Granada.

Durante el encuentro el sacerdote entregó al Papa un retrato suyo realizado por la pintora de Valencia (España) Charo Marín. Crédito: Cortesía P. Tortosa
Durante el encuentro el sacerdote entregó al Papa un retrato suyo realizado por la pintora de Valencia (España) Charo Marín. Crédito: Cortesía P. Tortosa

Por parte de la institución acudió su actual director, el presbítero y médico Manuel Mingorance, así como tres terapeutas del Programa Educativo-Terapéutico para la rehabilitación y reinserción social de personas con problemas de adicciones.

El Pontífice expresó su cercanía y su respaldo a una obra que, en palabras del propio P. Tortosa, “representa una de las respuestas más concretas de la Iglesia al sufrimiento humano”.

“El Papa nos animó a seguir adelante, especialmente en todos los ámbitos donde hay dolor, exclusión y pérdida de esperanza”, explica el sacerdote que durante el encuentro entregó al Papa un retrato suyo de la pintora de Valencia (España), Charo Marín.

El colorido retrato entregado al Papa. Crédito: Cortesía P. Tortosa
El colorido retrato entregado al Papa. Crédito: Cortesía P. Tortosa

El encuentro, subraya, ha sido un estímulo para toda la organización. “Que el Santo Padre conozca esta realidad, la valore y la anime es un impulso enorme. Nos recuerda que este trabajo forma parte del corazón mismo de la Iglesia”.

De la heroína a las pantallas

Los inicios de Proyecto Hombre en Granada coincidieron con un momento marcado por la heroína y el alcohol, pero también por la aparición de nuevas dependencias. “La heroína nunca desapareció del todo, pero ya entonces empezaban a aparecer otras adicciones: el juego patológico, las primeras redes sociales, nuevas formas de evasión”, recuerda Tortosa.

Hoy en día, uno de los frentes más preocupantes es el de las adicciones tecnológicas que afectan a los adolescentes. Para responder a esta realidad, Proyecto Hombre ha desarrollado un modelo de intervención especializado, basado en equipos interdisciplinares de trabajadores sociales, psicólogos y pedagogos. 

Aunque ya no ejerce la dirección, el P. Tortosa sigue estrechamente vinculado al proyecto. “Esto no se abandona: es una misión”, afirma. El sacerdote insiste en que, hoy como ayer, el corazón del método sigue siendo el mismo: poner a la persona en el centro.

“Aquí no trabajamos con números ni con estadísticas, sino con personas concretas, con historias de dolor, de ruptura y también de esperanza. Nuestro trabajo empieza cuando alguien vuelve a sentirse mirado y escuchado”, concluye.

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