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null / Santa Lucía, 13 de diciembre / ACI Prensa

Cada 13 de diciembre, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Lucía de Siracusa, mártir cristiana que vivió entre finales del siglo III e inicios del siglo IV.

Santa Lucía es muy popular y querida por ser especial intercesora cuando hay problemas de salud vinculados a la visión. Desde la Edad Media se le reconoce como protectora o patrona de la vista. Esta devoción proviene de una antigua tradición según la cual, como castigo por proclamar a Cristo, sus verdugos le habrían arrancado los ojos y, aún habiendo sufrido semejante atrocidad, Dios le permitió seguir viendo.

Lucía murió durante la Gran Persecución organizada por el emperador Diocleciano (e. 284-286/286-305).

Esposa fiel de Cristo

De acuerdo a las Actas de Santa Lucía, la mártir nació en Siracusa, Sicilia (Italia), en el seno de una familia noble. Sus padres eran conversos al cristianismo y se preocuparon por educarla en la fe. Tras la muerte de su padre, Lucía se acercó al Señor Jesús buscando consuelo y fortaleza para afrontar el dolor que la embargaba. Tomó a Dios como padre y protector y a cambio prometió, en secreto, virginidad perpetua. Sin embargo, su madre, Eutiquia, desconociendo la decisión de su hija, la ofreció en matrimonio a un joven pagano.

Eutiquia padecía de hemorragias y Lucía, con el propósito de ganar su favor e impedir el matrimonio, le aconsejó a su madre que fuese a orar a la tumba de Santa Ágata de Catania para pedir por su curación. Si un milagro ocurría, quizás Eutiquia accedería a liberarla del arreglo matrimonial.

Dios escuchó los ruegos de la madre y le devolvió la salud. En señal de gratitud, ella le ofreció a Lucía acceder a cualquier cosa que le pidiera. La joven rogó que no la obligue a casarse, confesándole su deseo de consagrarse a Dios y repartir la fortuna familiar entre los pobres. Eutiquia, segura de cuál era la voluntad de Dios, le otorgó el permiso a su hija.

La Gran Persecución

Al enterarse de esto, el pretendiente de Lucía se enfureció y la denunció ante el procónsul Pascasio, acusándola de ser cristiana. Eran tiempos de la persecución iniciada por Diocleciano -la Gran Persecución (302-311)- y el procónsul llevó a la joven a su presencia; y la amenazó de muerte a menos que desistiera de su postura. Lucía respondió así a la amenaza: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo”. Acto seguido, el procónsul, para denigrarla ante Dios y los hombres, ordenó que sea llevada a un prostíbulo, pero ella, sin dar un paso atrás, exclamó: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente".

Los guardias romanos intentaron llevarla a rastras hacia el prostíbulo, pero no pudieron. Lucía parecía haber sido fijada al suelo. Entonces trataron de quemarla y tampoco pudieron. Por último, le sacaron los ojos y le cortaron el cuello. Aun en ese estado, en su agonía, Santa Lucía parecía seguir viendo y, mientras se desvanecía, mostraba una fuerza inusitada para dirigirse a los que estaban presentes y exhortarlos a que se conviertan y sean fieles a Cristo.

Los ojos de Lucía

A Santa Lucía se le suele representar con una bandeja en la mano en la que yacen los ojos que le fueron arrancados. Existe también un relato que difiere del anterior, en el que aparece como víctima del acoso de un pretendiente a causa de la belleza de sus ojos. La joven, para liberarse de él, se habría sacado los ojos y se los habría enviado. Dios, en recompensa por su modestia, le devolvió la vista dándole otros ojos aún más bellos.

En la Edad Media, periodo en el que la devoción a Lucía se fortalece, se empezó a pedir su intercesión contra las enfermedades de los ojos y su nombre se vinculó a la palabra latina lux, que quiere decir “luz”. Esto reafirmó aquellas narraciones en las que el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos sin que ella perdiese la visión.

Aún cuando no hay certeza absoluta sobre qué condujo al martirio de Santa Lucía, la veracidad de su condición de mártir aparece fuera de toda duda. En 1894 fue descubierta una inscripción sepulcral en las catacumbas de Siracusa con esta inscripción: “Santa Lucía, mártir del siglo IV”.

"El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente"

Esta afilada respuesta de Santa Lucía de Siracusa al procónsul produjo ecos importantes en la teología moral siglos más tarde. Santo Tomás de Aquino reconoció la profundidad y fuerza moral de la sentencia: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente".

Para Santo Tomás estas palabras corresponden con el principio moral de que no hay pecado si no hay consentimiento en el mal. Una persona puede mantenerse pura y santa si no consiente el pecado así sea forzada o violentada; el alma no presenta mancha alguna ante Dios.

Oración a Santa Lucía

Oh Bienaventurada y amable Virgen Santa Lucía,
universalmente reconocida por el pueblo cristiano
como especial y poderosa abogada de la vista,
llenos de confianza a ti acudimos;
pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana
y le demos el uso para la salvación de nuestra alma,
sin turbar jamás nuestra mente en espectáculos peligrosos.

Y que todo lo que ellos vean se convierta en saludable
y valioso motivo de amar cada día más a Nuestro Creador
y Redentor Jesucristo, a quien por tu intercesión,
oh protectora nuestra; esperamos ver y amar eternamente
en la patria celestial. Amén.

Si deseas saber más sobre Santa Lucía, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Luc%C3%ADa.

El Papa durante la audiencia / Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News

El Papa León XIV continuó con el ciclo de catequesis sobre la relación entre la Resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual. Lea aquí el texto completo de sus reflexiones durante la Audiencia General de este miércoles.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El misterio de la muerte siempre ha suscitado profundas preguntas en el ser humano. De hecho, parece ser el acontecimiento más natural y, al mismo tiempo, más antinatural que existe. Es natural, porque todos los seres vivos de la tierra mueren. Es antinatural porque el deseo de vida y de eternidad que sentimos para nosotros mismos y para las personas que amamos nos hace ver la muerte como una condena, como un «contrasentido».

Muchos pueblos antiguos desarrollaron ritos y costumbres relacionados con el culto a los muertos, para acompañar y recordar a quienes se encaminaban hacia el misterio supremo. Hoy, en cambio, se observa una tendencia diferente.

La muerte parece una especie de tabú, un acontecimiento que hay que mantener alejado; algo de lo que hay que hablar en voz baja, para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad.

A menudo, por eso, se evita incluso visitar los cementerios, donde descansan aquellos que nos han precedido a la espera de la resurrección.

¿Qué es, pues, la muerte? ¿Es realmente la última palabra sobre nuestra vida? Solo el ser humano se plantea esta pregunta, porque solo él sabe que debe morir. Pero ser consciente de ello no le salva de la muerte, sino que, en cierto sentido, le «agobia» más que a todas las demás criaturas vivientes.

Los animales sufren, sin duda, y se dan cuenta de que la muerte está cerca, pero no saben que la muerte forma parte de su destino.

No se preguntan por el sentido, el fin o el resultado de la vida. Al constatar este aspecto, se debería pensar entonces que somos criaturas paradójicas, infelices, no solo porque morimos, sino también porque tenemos la certeza de que este acontecimiento ocurrirá, aunque ignoremos cómo y cuándo. Nos descubrimos conscientes y al mismo tiempo impotentes.

Probablemente de ahí provienen las frecuentes represiones, las huidas existenciales ante la cuestión de la muerte.

San Alfonso María de Ligorio, en su famoso escrito titulado Preparación para la muerte, reflexiona sobre el valor pedagógico de la muerte, destacando que es una gran maestra de vida. Saber que existe y, sobre todo, meditar sobre ella nos enseña a elegir qué hacer realmente con nuestra existencia.

Rezar, para comprender lo que es beneficioso de cara al reino de los cielos, y dejar ir lo superfluo que, en cambio, nos ata a las cosas efímeras, es el secreto para vivir de forma auténtica, con la conciencia de que el paso por la tierra nos prepara para la eternidad.

Sin embargo, muchas visiones antropológicas actuales prometen inmortalidad inmanente y teorizan sobre la prolongación de la vida terrenal mediante la tecnología. Es el escenario del “transhumanismo”, que se abre camino en el horizonte de los retos de nuestro tiempo. ¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte?

Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?

El acontecimiento de la resurrección de Cristo nos revela que la muerte no se opone a la vida, sino que es parte constitutiva de ella como paso a la vida eterna. La Pascua de Jesús nos hace pregustar, en este tiempo aún lleno de sufrimientos y pruebas, la plenitud de lo que sucederá después de la muerte.

El evangelista Lucas parece captar este presagio de luz en la oscuridad cuando, al final de aquella tarde en la que las tinieblas habían envuelto el Calvario, escribe: «Era el día de la Preparación y ya comenzaba el sábado» (Lc 23,54). Esta luz, que anticipa la mañana de Pascua, ya brilla en la oscuridad del cielo que aún parece cerrado y mudo.

Las luces del sábado, por primera y única vez, anuncian el amanecer del día después del sábado: la nueva luz de la Resurrección. Solo este acontecimiento es capaz de iluminar hasta el fondo el misterio de la muerte. En esta luz, y solo en ella, se hace realidad lo que nuestro corazón desea y espera: que la muerte no sea el fin, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz.

El Resucitado nos ha precedido en la gran prueba de la muerte, saliendo victorioso gracias al poder del Amor divino. Así nos ha preparado el lugar del descanso eterno, la casa en la que se nos espera; nos ha dado la plenitud de la vida en la que ya no hay sombras ni contradicciones.

Gracias a Él, que murió y resucitó por amor, con San Francisco podemos llamar a la muerte «hermana». Esperarla con la certeza de la resurrección nos preserva del miedo a desaparecer para siempre y nos prepara para la alegría de la vida sin fin.

Mons. José rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez (España). / Crédito: Diócesis de Asidonia-Jerez.

El Obispo de Asidonia-Jerez (España), Mons. José Rico, se ha desmarcado de la elaboración del manifiesto de la Asociación Mariana Internacional crítico con la Nota doctrinal Mater Populi fidelis del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. 

El documento Respuesta a Mater Populi Fidelis califica de “erróneos” y “desafortunados” algunos de los contenidos de la nota doctrinal del dicasterio en la que se afirma que “teniendo en cuenta la necesidad de explicar el papel subordinado de María a Cristo en la obra de la Redención, es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María”. 

Este documento crítico, publicado el pasado día 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, está firmado de forma colectiva por la Comisión Teológica de la Asociación Mariana Internacional, a la que pertenece Mons. Rico Pavés.  

En un comunicado, el prelado español señala que, pese a que su nombre figura entre los más de 100 miembros de dicha comisión, su participación en dicho órgano “ha consistido simplemente en recibir por email el boletín que publica periódicamente”.  

Mons. Rico explica que se unió a dicha comisión siendo Obispo Auxiliar de Getafe, “cuando se creó en esa Diócesis el Foro Mariano Diocesano y se crearon cauces de colaboración con la Asociación Mariana Internacional”. 

El Obispo de Asidonia-Jerez expone que, pese que el documento está firmado por la comisión teológica de la que forma parte, "no significa que en su elaboración y firma hayan participado sus miembros, al menos no todos, pues, en mi caso, no he tenido conocimiento de esa respuesta hasta que la he visto publicada en la web”.  

“Ignoro si ha sucedido lo mismo con los demás miembros de la Comisión Teológica como ignoro quién o quienes han elaborado la respuesta”, añade.  

Por último, el prelado subraya que “el objeto de esta aclaración no es entrar en la valoración de la respuesta a la Nota doctrinal, y mucho menos replicar un documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sino manifestar que no he participado ni en la elaboración ni en la firma de la misma”. 

El Papa saluda a los peregrinos / Crédito: Mirjana Gabric

El Papa rechazó las promesas tecnológicas para prolongar indefinidamente la existencia humana como las que hace el “transhumanismo” y recordó que la resurrección de Cristo “revela que la muerte no se opone a la vida”.

Durante la Audiencia General de este miércoles, que se ha celebrado en la Plaza de San Pedro a pesar de las bajas temperaturas del invierno romano, el Pontífice advirtió que numerosas visiones antropológicas actuales “prometen inmortalidad inmanente y teorizan sobre la prolongación de la vida terrenal mediante la tecnología”. 

Ese horizonte, dijo, es característico del “transhumanismo”, un fenómeno que “se abre camino en el horizonte de los retos de nuestro tiempo”.

Ante ello, instó a plantearse dos preguntas centrales: “¿Podría la ciencia vencer realmente a la muerte? Pero entonces, ¿podría la misma ciencia garantizarnos que una vida sin muerte es también una vida feliz?”.

La Audiencia General de este miércoles, que se ha celebrado en la Plaza de San Pedro a pesar de las bajas temperaturas del invierno romano,. Crédito: Mirjana Gabric
La Audiencia General de este miércoles, que se ha celebrado en la Plaza de San Pedro a pesar de las bajas temperaturas del invierno romano,. Crédito: Mirjana Gabric

Frente a esas propuestas, el Santo Padre reflexionó sobre el sentido cristiano de la muerte que es “parte constitutiva de ella como paso a la vida eterna”. 

Y agregó: “La Pascua de Jesús nos hace pregustar, en este tiempo aún lleno de sufrimientos y pruebas, la plenitud de lo que sucederá después de la muerte”.

La muerte, “una gran maestra de vida”

León XIV recordó además que, a lo largo de la historia, “muchos pueblos antiguos desarrollaron ritos y costumbres relacionados con el culto a los muertos, para acompañar y recordar a quienes se encaminaban hacia el misterio supremo”. En contraste, señaló que en el mundo contemporáneo la muerte “parece una especie de tabú” y “algo de lo que hay que hablar en voz baja, para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad”.

El Papa lamentó que esta actitud lleve con frecuencia a “evitar incluso visitar los cementerios, donde descansan aquellos que nos han precedido a la espera de la resurrección”.

Algunos peregrinos estadounidenses durante la audiencia. Crédito: Mirjana Gabric
Algunos peregrinos estadounidenses durante la audiencia. Crédito: Mirjana Gabric

Asimismo, evocó las enseñanzas de San Alfonso María de Ligorio, recordando la vigencia de su obra Preparación para la muerte. El Pontífice subrayó que, para el santo napolitano, la muerte constituye “una gran maestra de vida”, capaz de orientar al creyente hacia lo esencial.

Según explicó el Papa, San Alfonso invitaba a “saber que la muerte existe y, sobre todo, meditar sobre ella” como camino para aprender a discernir lo verdaderamente decisivo en la existencia.

León XIV recordó asimismo que, en la espiritualidad alfonsiana, la oración ocupa un lugar central “para comprender lo que es beneficioso de cara al reino de los cielos y dejar ir lo superfluo que nos ata a las cosas efímeras”.

En esta óptica, aseveró que sólo la resurrección de Cristo “es capaz de iluminar hasta el fondo el misterio de la muerte”. 

“En esta luz, y sólo en ella, se hace realidad lo que nuestro corazón desea y espera: que la muerte no sea el fin, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz”, insistió.

Así, el Papa explicó que Cristo resucitado “ha precedido en la gran prueba de la muerte, saliendo victorioso gracias al poder del Amor divino”. 

“Nos ha preparado el lugar del descanso eterno, la casa en la que se nos espera; nos ha dado la plenitud de la vida en la que ya no hay sombras ni contradicciones”, concluyó.

El Papa saluda a Zelenski en Castel Gandolfo / Crédito:Vatican Media

El Papa León XIV recibió en audiencia al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, según informó la Santa Sede en un comunicado.

El encuentro, descrito como “cordial”, estuvo centrado en la situación de la guerra en Ucrania y en las perspectivas de las iniciativas diplomáticas actualmente en curso. 

Durante la conversación, el Santo Padre reiteró “la necesidad de continuar el diálogo” y renovó su “apremiante deseo” de que los esfuerzos diplomáticos puedan conducir a “una paz justa y duradera”, según la nota difundida por el Vaticano.

La reunión abordó también cuestiones humanitarias especialmente sensibles. Durante las conversaciones se hizo referencia a la situación de los “prisioneros de guerra” y se subrayó la urgencia de “garantizar el regreso” de los niños ucranianos separados de sus familias y deportados ilegalmente a Rusia.

Tras la audiencia privada, Zelenski expresó su “profunda gratitud” al Papa León XIV por el constante apoyo de la Santa Sede a la población ucraniana.

En un mensaje difundido en sus redes sociales tras la reunión, agradeció en particular la ayuda humanitaria. Durante la audiencia, según relató, agradeció al Pontífice “sus constantes oraciones por Ucrania y por el pueblo ucraniano, así como sus llamados a una paz justa”.

El presidente ucraniano informó además al Papa sobre los contactos y negociaciones diplomáticas que Kiev mantiene con Estados Unidos para abrir caminos hacia la paz. “Le informé al Papa sobre los esfuerzos diplomáticos con los Estados Unidos para lograr la paz”, señaló.

Uno de los puntos centrales de la conversación fue el destino de los menores ucranianos deportados ilegalmente a territorio ruso. Zelenski destacó que ambos discutieron “las acciones futuras y la mediación del Vaticano destinada a lograr el retorno de nuestros niños secuestrados por Rusia”, un tema que la Santa Sede mantiene en su agenda humanitaria desde los primeros meses del conflicto.

El mandatario ucraniano expresó también su agradecimiento a León XIV “por todos sus esfuerzos para apoyar a los jóvenes ucranianos” y por la atención constante hacia las necesidades del país. En ese sentido, subrayó que el encuentro fue “un diálogo importante y cercano”, centrado en la protección de la población civil y en el acompañamiento espiritual que el Pontífice ha manifestado en repetidas ocasiones.

Zelenski aprovechó la ocasión para renovar una invitación formal al Papa para viajar a Ucrania. “Invité al Papa a visitar Ucrania. Sería una señal poderosa de apoyo para nuestro pueblo”, afirmó.

El Papa, Zelenski y el embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andrii Yurash. Crédito: Vatican Media
El Papa, Zelenski y el embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andrii Yurash. Crédito: Vatican Media

La audiencia se produce un día después de que Zelenski viajase al Reino Unido, donde mantuvo una reunión en Downing Street con el primer ministro de ese país, Keir Starmer, en la que participó el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz.

Ese encuentro estuvo centrado en las negociaciones en torno al plan de paz para Ucrania presentado por Washington y en los siguientes pasos que deben producirse. El primer borrador de 28 puntos presentado por la Administración de Donald Trump en noviembre planteaba una resolución del conflicto ampliamente favorable a Moscú.

A esa propuesta siguió otra forjada en Ginebra por delegaciones de Estados Unidos, Ucrania y Europa. Zelenski ha llegado a Castel Gandolfo, donde el Papa suele transcurrir los martes en una pausa semanal, después de tres días de conversaciones en Miami entre el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el negociador ucraniano, Rustem Umerov. 

Hace justo una semana, el presidente ruso, Vladimir Putin, se reunió con Witkoff en Moscú sin ningún avance significativo.

Este es el tercer encuentro oficial entre ambos, después de que León XIV recibiera a Zelenski en una audiencia tras la Misa de inicio de su pontificado, el pasado 18 de mayo, y en un segundo encuentro el 9 de julio, también en Castel Gandolfo.

Tras esta reunión, Zelenski tiene previsto reunirse con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a las 15:00 (hora local) en el marco de una nueva ronda de contactos con los principales líderes europeos sobre el proceso de paz en Ucrania.

Ucrania solicitó por primera vez la intervención del Vaticano poco después de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. Desde entonces, la Santa Sede continúa su actividad diplomática en favor de la paz, al tiempo que mantiene canales de diálogo abiertos con todas las partes implicadas.


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